martes, 19 de julio de 2016

¿POR QUÉ NO SABEMOS TOMAR DECISIONES?

LA INDECISIÓN... ¡EL HÁBITO QUE TE PUEDE SALIR MUY CARO! 

Si te cuesta trabajo tomar decisiones, podrías pagar algo más que un mal rato. Descubre de dónde proviene nuestro problema de no saber decidir.

Gran parte de tu día de hoy ha sido el resultado de las decisiones que has tomado: levantarte o no de la cama al escuchar el despertador, apagar la computadora o quedarte cinco minutos más o leer este artículo o seguirte de largo. Nuestra vida es un permanente resultado de las decisiones que tomamos de instante a instante; algunas de esas decisiones han sido motivadas por el deseo y otras por la necesidad



   Quizá alguna vez has invitado a alguien al cine y al llegar a la taquilla se genera un momento incómodo: -¿Qué película quieres ver?- Es la pregunta que desencadena varios minutos del incómodo lapso de silencio, provocado por tanta amabilidad en la que tanto tú como tu invitado(a) muestran una clara dificultad para tomar una decisión bastante simple, eso sin contar que cuando finalmente han decidido qué película van a ver, quizá ya haya comenzado y deben tomar varios minutos más para elegir otra. En este ejemplo no hay mucho de por medio, pero puedes encontrarte con situaciones más serias en las que saber tomar la decisión adecuada y además saber decidir a tiempo pueden hacer la diferencia en algún aspecto muy importante en tu vida.

La buena noticia es que la atrofia o dificultad para tomar decisiones no es algo con lo que hayamos nacido. En realidad se trata simplemente de un hábito que hemos adquirido a lo largo del tiempo mediante factores que describiremos a continuación:



En realidad todos nacemos con grandes capacidades y carecemos de patrones de conducta que adquirimos con el tiempo. Cuando eras niño(a), prácticamente un bebé, naciste completamente libre de miedos y prejuicios que posteriormente fuiste heredando. Cuando eras niño no te avergonzaba estar en pañales y tampoco te sonrojabas cuando te vestían con un traje de marinerito para sacarte a pasear. Podías estar vestido como payasito de circo en medio de un auditorio y no sentir la más mínima vergüenza, pero hoy en día dudo que puedas permanecer indiferente durante una situación similar.



Si observamos a un niño, podemos ver que su capacidad para tomar decisiones (para poner manos a la obra en función de lo que desea) se encuentra en perfectas condiciones: cuando un niño desea algo, simplemente lo toma. Si convives con niños pequeños te darás cuenta de que al desear algo se aproximan a tomarlo sin detenerse a pensar si está bien o está mal, si es suyo o le pertenece a alguien más. No vamos a entrar en detalles de la motricidad y el desarrollo infantil, pero si destacaré la naturaleza infantil que no ha sido afectada con el paso del tiempo con y la transición a la vida adulta. Lo cierto es que la iniciativa de un niño presenta muchas menos barreras mentales para pasar al plano de la acción. Los niños hablan y actúan con una naturalidad digna de ser analizada y de la que sin duda podemos aprender mucho.

¿En qué momento comenzamos a perder la capacidad de decidir? 
La respuesta a esta pregunta es muy simple... 




  1. ¿Cuántas veces has escuchado a una madre o un padre reprimir a un niño? 
  2. ¿Qué hace una madre cuando ve a un niño pequeño haciendo algo "indebido" o "inadecuado" desde su punto de vista de adulto?
  3. ¿Sabías que la palabra NO es la palabra más escuchada durante los primeros años de vida?

Además de otros factores, los padres son los principales causantes de la pérdida gradual de la capacidad de elegir en los hijos. No es que sea su intención, pues en principio nuestros padres sólo quieren lo mejor para nosotros o al menos lo que ellos consideran lo mejor. 

Hace unos días fui a la tienda de la esquina y cuando llegue vi a una madre que iba acompañada de su hijo de aproximadamente 6 años de edad. Mientras la mamá compraba las cosas que necesitaba para la comida (y como siempre iba con prisas), el niño le pedía con insistencia que le comprara algo, hasta que finalmente la mamá, desesperada por la insistencia de su hijo, se volteó con él y le dijo que escogiera algo pero que se diera prisa. El niño pidió una paleta de hielo y la mamá le respondió que las paletas eran muy frías, que se iba a enfermar y que mejor escogiera otra cosa a lo que el niño escogió unas papas fritas enchiladas, a lo que la mamá respondió que no, porque eran muy picantes, así que nuevamente le pidió que escogiera algo pero que se apurara porque ya era muy tarde, así que el niño eligió una barra de chocolate, a lo que la madre, para mi sorpresa respondió que eso era "demasiado grande" y que no se lo iba a terminar y finalmente la mamá tomó un jugo y le dijo -¡Toma esto!- así que el niño no tuvo más opción que tomar el jugo que la madre le había dado.

Para citar otro ejemplo, podemos recordar que cuando los niños son pequeños no tienen idea de cómo combinar los colores y no tienen sentido de la moda (incluso muchos adultos carecen del sentido de la moda), por lo que es normal que a cierta edad ya quieran escoger su propia ropa, pero probablemente van a elegir mal al momento de elegir las prendas y los colores, por lo que no es de sorprender que la madre o el padre van a reprimir las decisiones que tome y terminarán por ponerle el traje de marinerito o el de princesa.

Y si los ejemplos anteriores no son suficientes, podemos recordar cualquier caso en el que un niño cuando ve un frasco de mermelada y un pedazo de pan, simplemente se acerca e intenta servirse un pan con mermelada por sí mismo, pero cuando es descubierto por la madre, ella le quita inmediatamente el pan y lo aleja del frasco de mermelada y le dice -¡Yo te lo preparo, porque lo vas a derramar todo!- y es por eso que no quiero profundizar mucho respecto al desarrollo infantil y sus capacidades motrices, pero también quiero destacar que a más de un adulto se le ha derramado algo. Sin embargo quiero destacar que el niño simplemente se sirve o por lo menos intenta servirse el pan con la mermelada sin padecer mucho por aquello que se derrame. 

Así podemos citar muchos más ejemplos y todos apuntan hacia una condición infantil en la que tenemos una capacidad plena de poner manos a la obra y una permanente condición en la que los padres, aún con sus mejores intenciones, terminen por opacar y reprimir una muy importante cantidad de decisiones que intentamos tomar desde niños.

¿Para qué preguntarle a un niño qué desea si 1.el adulto va a reprimir sus decisiones y 2. terminará por imponer su voluntad sobre la del niño?

Y si lo ponemos desde otra perspectiva podremos observarlo de la siguiente manera: un año tiene 365 días, por lo que en la vida de un niño de cinco años hay 1,825 días en los que ha sido expuesto a un bloqueo y una imposición de decisiones una y otra vez. Un niño de 10 años ha sido expuesto durante 3,650 días y uno de 15 años por 5,475 días. ¿Y tú cuántos años tienes? 



Después de años de bloqueo e inhibición es de esperarse que las capacidades de decisión de una persona puedan verse afectadas de forma importante. Si lo analizamos, nosotros, encontraremos que nos volvemos expertos en aquello que hacemos con mayor frecuencia, por lo que un niño debería de empezar desde temprana edad a ejercitar su capacidad de elegir, pues así se convertirá en un experto y no toda la vida elegirá la ropa inadecuada o derramará la mermelada al preparar un pan o elegirá algo picante o frío en la tienda. La experiencia crea al experto y la privación de esa experiencia ralentizará el proceso que hará de él un experto en materia de tomar decisiones.



Curiosamente un día los padres deciden que ese niño ya es un adolescente bien formado y de la noche a la mañana les piden que tengan su cuarto en orden, que sean organizados en su escuela, que resuelvan problemas cotidianos y se encuentran con que sus hijos aún no están capacitados, no para tomar buenas o malas decisiones, sino simplemente para ¡ser capaces de decidir!, porque han sido inhibidos durante mucho tiempo, por lo que los jóvenes adolescentes se ven limitados en su capacidad de elegir y de poner manos a la obra. Muchos padres se desesperan, generando un ambiente aún más desfavorable. Un día los padres ven a un joven alto y fuerte a nivel físico, pero a nivel emocional ha sido expuesto a constantes desacreditaciones respecto a las decisiones que toma y ha sido impuesto en decisiones tomadas por los adultos, por lo que no es de sorprenderse que cuando los padres esperan que sus hijos actúen "como adultos", no encuentren la respuesta esperada.



Algunos jóvenes afortunados han crecido en ambientes en los que los padres comprenden lo importante que es hacer que sus hijos comiencen a decidir lo antes posible, haciendo de ellos expertos a temprana edad. ¿Te imaginas que un niño de seis años comience un pleno ejercicio de su facultad de elección al mismo tiempo que un joven de veinte o un hombre o una mujer de cuarenta años? ¿Cual sería el resultado diez años después? ¿Qué edad tendría cada uno de ellos? Pero sea cual sea el caso, es importante saber que nunca es tarde para empezar.

Una de mis amigas me dijo que conoció a su pareja y que se sintió inmediatamente atraída hacia él y cuando le pregunté por qué se sentía de esa forma, ella respondió que tenía un "no se qué" que le generaba una atracción casi inexplicable; que se trataba de un hombre decidido y que sabía lo que quería en la vida. En general todos nos hemos encontrado con personas que tienen un magnetismo personal y una buena dosis de carisma, sin embargo muy a menudo esas personas solamente tienen la característica de decidir inmediatamente (intervienen más factores como saber decidir en favor de todos y por el bien de todos), pero a veces se trata de situaciones tan simples que resultan tan magnéticas como decidir amable pero contundentemente la película a la que entrarán cuando van al cine o elegir un platillo en un restaurante durante una cita.

Es un gesto muy apreciable el preguntarle a tu pareja por la película que desea ver, sin embargo ante los titubeos de la pareja o de un grupo en prácticamente cualquier situación, es muy sano tomar la decisión uno mismo. Haz la prueba y verás cómo generas en la percepción de las personas un magnetismo inexplicable, pues como muchos, las persona también fueron niños y seguramente han sido expuestos durante muchos años al mismo problema de inhibición y bloqueo.



Si al momento de tomar alguna decisión simple o importante sientes una necesidad de consultar a una persona, te recomiendo que pongas más atención a esa sensación, pues es muy sabio informarse para elegir correctamente, pero hay una linea muy delgada que divide el hecho de buscar una orientación objetiva, basada en hechos que pueda aportarnos elementos a la hora de decidir y el otro lado de la linea sutil que divide a las grandes personas de aquellos que aún a sus cuarenta años siguen siendo como niños entre adultos.


Al Jaguar