viernes, 18 de noviembre de 2016

ESPECIAL: DE DÓNDE Y CÓMO OBTENER PROSPERIDAD

LA PROSPERIDAD Y LA ABUNDANCIA TIENEN UN ORIGEN Y UNA CIENCIA, Y ESTARÁN CON TODO AQUEL QUE COMPRENDA Y APLIQUE EL VERDADERO MENSAJE DE ESTA CHARLA.


Una persona a la que estimo mucho, compartió conmigo un concepto que merece la pena compartir. En verdad he intentado organizar las ideas de tal forma que finalmente el mensaje sea claro y que transmita a todos ustedes el verdadero sentido de cada una de las palabras.

Este concepto se refiere a la abundancia que cada uno de nosotros posee y el por qué dicha abundancia ha prosperado, o bien por qué ha disminuido. Quiero aclarar que la riqueza (o abundancia) de la que aquí les escribo, se refiere a bienes materiales, que muchas veces son aquellos que mayor interés generan en nosotros, pero también a las circunstancias profesionales, familiares y en general sociales en las que la vida nos sitúa; se tata de riqueza y abundancia en cuanto a que es todo aquello que la vida nos otorga.

Un día, uno de los que considero mis mentores, me compartió un mensaje que me hizo comprender muchas de mis circunstancias y sus resultados o “consecuencias” en mi propia vida y la de muchas personas que como yo,  buscan la prosperidad en muchos sentidos.

Durante la charla de ese día, yo hablaba sobre mis circunstancias generales: expresaba con desagrado algunos descontentos respecto a mi antiguo trabajo, algunas limitaciones financieras y algunas circunstancias personales que no me agradaban y que de forma poco reflexiva llamaba “malas”. Después de un momento de desahogo, mi amigo y mentor me respondió lo siguiente:


Si realmente piensas que te encuentras en tu estado actual por falta de recursos, creo que no has adquirido el enfoque correcto y que no has reflexionado sobre desde la perspectiva adecuada

Como muchas personas, yo esperaba que me brindara un poco más de apoyo en mi desahogo, pero en lugar de ello se dispuso a llevarme la contra (cosa que hoy agradezco) diciéndome que “no era a causa de las circunstancias el que yo asumiera un pensamiento y una actitud así, sino que era precisamente por actuar y pensar de determinada manera, que mis circunstancias eran justamente esas que tenía”. En ese entonces ya se comenzaba a escuchar el concepto del pensamiento positivo, por lo que pensé que me hablaría con base en ese discurso, sin embargo el nivel de profundidad por el que fue disertando me sorprendió enormemente:

Muchas personas a las que he escuchado aseguran que gracias a diferentes carencias económicas y/o materiales no pueden alcanzar el nivel de vida que desean. A menudo la gente dice que si tuviera un mejor coche, una casa más grande, un mejor empleo, sus circunstancias mejorarían y que en consecuencia podrían pensar y actuar; en pocas palabras: ¡Vivir mejor! Sin embargo pocos han comprendido que es justamente lo contrario y que a partir de “vivir mejor” con lo que ya se tiene resulta ser la forma irrefutable por excelencia de atraer a la prosperidad.

Sinceramente no me sonaba lógico y me seguía pareciendo un mero concepto de pensamiento positivo, el cual no habría estado nada mal, pues finalmente también constituye una base del bienestar, pero yo no consideraba coherente que con el simple hecho de estar bien con lo que ya se tenía, se podía aspirar a algún tipo de prosperidad y abundancia en algún nivel superior; por el contrario, hasta cierto punto me sonaba a estar simplemente conforme con la vida. El Mentor respondió:

Estar conforme con la vida es una idea que poco a poco ha perdido su virtud e incluso parece sugerir una conducta negativa de conformismo, sin embargo es importante aclarar que se trata de dos ideas diferentes, ya que ser conformista involucra el descuido, la ingratitud y el desprecio por los bienes y circunstancias que ya tenemos, mientras que estar conforme con lo que la vida otorga, tiene que ver con el respeto, el cuidado y el correcto uso y dedicación hacia tales bienes. Curiosamente, las personas desprecian y descuidan aquellos bienes que ya poseen, pensando que así se alejan de una actitud conformista y que si, por el contrario, dedicaran más cuidado y respeto a aquello que ya poseen, estarían aceptando que las circunstancias son así y que al aceptarlas ya no han de cambiar.



Yo le respondí que a veces tenía la sensación de que si comenzaba a ver con agrado ciertas situaciones; si no hacía lo posible por salir de ellas cuanto antes, sentía que las estaba aceptando y que eso provocaría una mayor dificultad para mejorar mis circunstancias y por supuesto “¡Yo no quería ser conformista!”. A ello mi mentor respondió:

“Lo que me describes es la conducta habitual que asumimos, sin embargo no resulta ser la más acertada. No pretendo decir que no se debe aspirar a mejores condiciones generales en nuestra vida, o bien a simplemente aceptar con tristeza lo que uno tiene y lo que uno hace, sino es precisamente lo contrario

Después de escuchar eso sí que estaba confundido ¿Entonces acepto o no acepto lo que tengo? ¿Y si lo acepto cómo espero cambiarlo para mejorar en el futuro? El concepto comenzaba a ser cada vez menos claro, pero mi Mentor prosiguió:


En principio es necesario un ingrediente importante para nuestras vidas: la Gratitud, ya que es uno de los sentimientos que atraen la dicha y la prosperidad. ; incluso si recibieras lo que tan anheladamente buscas, no podrías experimentar una sensación de plenitud y felicidad si careces de la capacidad de sentir Gratitud; después es conveniente aceptar las circunstancias actuales con agrado. Las personas suelen pensar que Aceptar las circunstancias, y Aspirar a un cambio son dos conceptos que no pueden coexistir, pero si lo pensamos con calma y con responsabilidad, aceptar con agrado lo que ya posees, sin dejar tus aspiraciones a un lado, son el principio básico que hay que comprender para que yo pueda compartir contigo el verdadero mensaje”.

Ya comenzaba a entender el concepto y aún no llegábamos al punto; al verdadero mensaje que mi maestro y mentor quería compartir conmigo. Estaba impaciente por ver a dónde llegaba todo esto:

Si me has comprendido bien, si te has permitido escuchar en el verdadero significado de las palabras, habrás comprendido la idea de que que las personas parten de un sistema que puede no ser el mejor: algunas de ellas no aceptan el empleo que tienen, la pareja que tienen, el auto que poseen y ante este principio de no aceptación ocurren dos cosas: la primera es que manifiestan un desprecio constante hacia todo aquello que no es como lo que ellos desean que sea y la segunda, que me parece particularmente importante, es que las personas tienden a descuidar dichas circunstancias de forma importante: un estudiante de preparatoria (high school) no presta suficiente atención a sus materias pues según él, el esfuerzo merece hasta llegar a la universidad en “donde la escuela sí importa”; otros no sienten responsabilidad alguna para con sus empleos, pues no es el empleo de sus sueños y por tanto “no merece la pena desarrollarlo de la forma en que saben que podrían llevarlo a cabo si así lo quisieran” y prefieren esperar a encontrarse en aquel empleo de sus sueños para entonces estar dispuestos a dar lo mejor de sí. Así podríamos citar muchos ejemplos, pero la situación es la misma: el desprecio y el descuido hacia lo que poseemos aquí y ahora.


A pesar de que aún no sabía cuál era el magnífico mensaje al que iba a llegar, sentía que empezaba a comprender cuando menos la primera idea. Tuve que reconocer para mis adentros que en más de una ocasión me había comportado de ese preciso modo ante circunstancias que no consideraba iguales o al menos similares a aquellas con las que sí soñaba tener un día.

Una vez que las personas han superado la primera fase, que es aquella en la que se logra comprender y se asume la certeza de que en la vida también es importante ser agradecido y se asume una conducta de cuidado, aceptación y respeto ante lo que se tiene y ante lo que se hace, es cuando se puede acceder al verdadero mensaje, que es el que hoy quiero compartir contigo.

Era innegable que muchas veces había menospreciado mucho de lo que poseía, por la simple razón de que “aspiraba a algo mejor”, por lo que era momento de poner atención y desprenderme de algunos viejos conceptos con los que había vivido sin saberlo.


Las personas aspiran a contar con mejores condiciones de vida: mejor salario, mejor puesto de trabajo, mejor casa, mejor auto, etc. Pero desprecian y descuidan lo que ya poseen, incluso si lo que poseen ahora es algo que no poseían, pero que deseaban en una circunstancia previa, sin enterarse de que al hacerlo, alejan con ello las posibilidades de que esa abundancia y prosperidad tan anheladas lleguen finalmente a sus vidas. Si lo vemos en un sentido práctico, es poco probable que el empleado, cuya conducta es más bien descuidada y poco comprometida, llegue a ser candidato para aspirar a aquel cargo que sí desea tener. Probablemente sus superiores ya se han percatado de que su conducta, sus comentarios dentro del trabajo y sus resultados no corresponden a los que se necesitan en el perfil de la persona requerida para ocupar un puesto superior y a veces ni siquiera otorga su voluntad y cuidado suficientes para el puesto que ya está ocupando.

Yo podía entender eso y en realidad no me parecía nada que no hubiera ya pensado antes: “si te esfuerzas en tu trabajo, probablemente te puedan tomar en cuenta para obtener un ascenso”. A decir verdad no comprendía en dónde estaba la relevancia de sus palabras, pero no podía negar que ya hacer consciente este concepto era algo favorable, además eso estaba bien para cuando uno quisiera un mejor puesto de trabajo, porque había alguien que podía observar tu desempeño y darte un reconocimiento por tu esfuerzo, pero no funcionaba igual cuando uno quería comprar una mejor casa o un mejor coche: no iba a aparecer nadie a premiarme sólo por aceptar con agrado y gratitud la casa y el coche que ya tenía. Luego de comentarle eso, simplemente prosiguió:



Ahora que lo has mencionado, podemos hablar de la siguiente parte de este concepto. Tú y muchas personas asumen que el cuidado, la aceptación y el respeto hacia las circunstancias actuales de cada uno, no siempre serán evaluadas y que por tanto no se va a promover ningún tipo de cambio (crecimiento o prosperidad), salvo aquellos casos en los que se es evaluado y alguien puede darnos un “ascenso” como ocurre dentro de un empleo. Lo anterior es un enfoque que se puede asumir y que de hecho muchas personas asumen cada día y con el que conducen buena parte de sus vidas y por supuesto que están en todo su derecho individual, sin embargo existe otra alternativa, la cual puedes asumir o no, pero antes deberás al menos conocerla, pero sobre todo comprenderla:

Aceptar con agrado y dedicarse a cuidar lo que se posee no es en sí una finalidad, sino el primer paso para adquirir la verdadera prosperidad, pero muchas personas no han comprendido este concepto, debido a que consideran este acto como una conducta de conformismo y simplemente prefieren no entregarse con agrado, ni cuidar de lo que ya poseen en la actualidad. Creo que esto ya ha quedado claro en nuestra charla y ahora puedo hablarte de lo siguiente:

Aceptar con agrado y dedicarse con cuidado a nuestras circunstancias actuales, no sólo hace la vida más agradable, sino que nos sirve como una práctica que nos anticipa y nos prepara para cuando aquellas circunstancias mejoren: si estás listo para trabajar en perfecto dominio, y naturalidad con diez empleados a tu cargo, entonces estás listo para tener cincuenta personas bajo tu liderazgo y administración; si ya eres capaz de mantener tu auto modesto en buenas condiciones estéticas y mecánicas, no por poder limpiarlo y arreglarlo en sí, sino por poder hacerlo en forma natural, con agrado y casi de forma automática, como algo que ya es parte de tus hábitos más naturales, entonces le estás diciendo a la Vida (al Universo o como te resulte más cómodo llamarle) y que además es nuestra gran evaluadora permanente, que ya estás listo para recibir en tu vida el auto deportivo o lujoso que deseas, o el nuevo y mejor empleo, o la casa de tus sueños, o lo que sea que tengas en mente como prosperidad y abundancia, o en otras palabras, “las nuevas mejores circunstancias”. Quizá no exactamente las que deseas, pero si en un nivel más alto que el actual o quizá incluso mejores y no volverán a mejorar ni a subir de nivel en tanto que no vuelvas a repetir el proceso y dominar de forma natural y con agrado las nuevas circunstancias que ahora tienes, sin embargo, de no hacerlo, sí podrás perder todo aquello que no estás listo para manejar.

En principio entendía el concepto, pero no estaba seguro de haberlo comprendido correctamente; no sabía si lo estaba entendiendo adecuadamente, así que le pedí que me explicara a qué se refería con que la Vida y el Universo eran ese “gran evaluador” que nos otorgaba ese “simbólico ascenso” traducido como nuevas y mejores circunstancias en la vida, o dicho en otras palabras: ¡Prosperidad!



La Vida te evalúa en todo momento y observa tu conducta ante las circunstancias: La Vida sabe que tus aspiraciones a la prosperidad son constantes y que realmente se trata de algo que deseas, sin embargo puedes asumir la actitud de una persona que además de no estar agradecida con lo que posee, también se conduce con desprecio y descuido para tales circunstancias vigentes; es un síntoma que refleja el que aún no estés listo para subir a un siguiente nivel de prosperidad, y por supuesto no estás listo para recibir el verdadero mensaje. Por ponerlo en otras palabras, te pediré que imagines que un día tu y yo nos encontramos en el supermercado y te percatas de que yo me encuentro repleto de bolsas con mercancía y al verme ante tal situación, decides acercarte a mí para ayudarme a llevar las bolsas hasta mi auto en el estacionamiento del supermercado, de tal modo que te agradezco la ayuda y te doy un par de bolsas en cada mano para que me ayudes. Cuando tomas las bolsas te sientes bien al principio, porque deseas ayudarme y porque la carga no te parece excesiva y me pides que te de dos bolsas más; así yo te doy las dos bolsas extra y comenzamos a caminar hacia el automóvil. Al caminar juntos hacia el auto, me percato de que las seis bolsas te resultan demasiado pesadas y algo incómodas y observo en tu rostro una mueca de desagrado y arrepentimiento por haberte ofrecido a ayudarme. Mi primera reacción sería desahogar esa carga que te resulta tan pesada, ya que no me agradaría verte en aprietos ni por un momento, por lo que te pido que me devuelvas una de las bolsas. Ahora sólo llevas cinco bolsas, sin embargo aún me percato de que te cuesta trabajo cumplir con dicha tarea y, como he dicho antes, mi intención no es provocar ningún fastidio, así que nuevamente te pido que me devuelvas otra de las bolsas. Esta vez te niegas a devolvérmela, te aferras a llevarla a pesar de las dificultades que te acarrea, pero las quejas y las muecas no cesan de tu parte, por lo que vuelvo a insistir al mismo tiempo que retiro de tu mano la quinta bolsa con la mercancía. Ahora llevas cuatro bolsas, y quizá ahora no te resultan demasiado pesadas, simplemente vas enfadado, lo que me hace sentir muy incómodo y arrepentido por haberte asignado esa tarea.


Pues bien, ahora imagina que yo no era realmente yo, sino que yo era La Vida y que las bolsas no eran bolsas del supermercado llenas de mercancía, sino las circunstancias las que tenemos cargar cada día; algunas de esas “bolsas” son más ligeras y otras más pesadas, ya que están llenas de todo aquello que acompaña a las circunstancias de la vida cotidiana, pero debemos llevarlas con nosotros durante un determinado trayecto.
A veces La Vida, o el Universo (como quieras llamarle) nos observa para saber si somos capaces de llevar las circunstancias de forma correcta y además llevarlas con agrado, pues la intención de La vida es procurar más vida, bienestar, felicidad en lugar de fatiga, tristeza y por sobre todo, riesgos a la integridad mediante circunstancias mayores a aquello que podemos soportar.”

A pesar de tratarse de un ejemplo muy simple, me había llegado de una forma profunda, pues comencé a recordar diferentes ocasiones en las que la vida me había otorgado grandes oportunidades, pero de alguna forma me resultaban agobiantes o simplemente me era más cómodo optar por una actitud de desagrado y posteriormente de descuido por aquello que se me había otorgado y por alguna razón que no comprendía o que trataba de explicar con todo tipo de excusas, sinceramente terminaba por perder aquellas oportunidades que se me habían otorgado. ¿Pero sólo basta con recibir con agrado y cuidar de las cosas que ya poseemos?

En principio es el primer paso, sin embargo ya hemos tocado el verdadero mensaje que hoy quería compartirte: “Todo lo que podamos manejar en la vida, lo vamos a conservar, pero perderemos todo aquello que no podamos manejar”.

Ya había comprendido el primer punto,, a pesar de que podía comprenderlas las palabras, sentía que necesitaba escuchar más al respecto.

Cuando comenzamos esta charla, te he dicho que no es por las circunstancias que las personas se encuentran en cierta actitud, sino que es la actitud la que ha puesto a cada uno de nosotros en dichas circunstancias. Siempre escucho a las personas decir que no tienen una mejor casa, un mejor empleo, un mejor auto, que no tienen dinero, pero si lo tuvieram, podrían tener todo eso y entonces sí sentirían más dedicación por lo que hacen y por lo que poseen.



Imaginemos que un día, al escucharte quejar de todas tus carencias, termino por darte las llaves de una hermosa mansión, de esas que tienen una gran extensión de terrano y que para llegar al ingreso, es necesario rodear una hermosa fuente en el jardín frontal, como las que se ven en la televisión: esta mansión está completamente amueblada, con los mejores productos y tiene una alberca grande en el jardín posterior y treinta habitaciones amuebladas con su propio baño y vestidor, además de dos salones y dos comedores lujosos, con mesas largas para sesenta comensales, candelabros por todos lados y 15 personas dedicadas al servicio doméstico.




Además te regalaría también un lujoso auto deportivo, de doce cilindros de esos italianos por excelencia. ¡Son tuyos, te los regalo por que he escuchado que si no los tienes es porque no puedes pagarlos! Pues bien, ahora son tuyos sin pagar un sólo centavo y completamente gratis.



Después de dártelos, me retiro inmediatamente y no he de regresar a visitarte sino hasta después de dos o tres años, pero al regresar, me doy cuenta de que la casa está en condiciones deplorables: le hace falta pintura y la humedad ha comenzado a hacer estragos; ya se filtran las goteras desde el techo, por la falta de impermeabilizante, la mayoría de las bombillas de luz ya no encienden y no han sido sustituidas además las habitaciones ya están cubiertas por el polvo y cerradas con llave, ya que el personal de limpieza se ha marchado. El jardín está seco de algunas partes y de otras la hierba ha crecido demasiado, ya es imposible caminar por ese lado. La fuente está seca y agrietada, los candiles ya no brillas y se han tornado opacos. Cuando voy a la cochera a ver el auto deportivo, observo que tiene varios golpes y rayones ligeros, pero que en total hacen que el auto no se vea como antes; los neumáticos están desinflados y uno de los rines se ha roto. Al encender el vehículo, escucho que el motor requiere de servicio urgente y por si fuera poco, uno de los espejos laterales se ha roto. Cuando finalmente entro a la casa y me doy cuenta de que sólo mantienes en funcionamiento una parte de la misma, por cierto, una parte muy similar al tamaño de casa en la que actualmente vives; es como si hubieras generado una pequeña casa adentro de la gran casa: una casa del tamaño que puedes controlar y manejar con relativa naturalidad. Así que al entrar me acerco a ti, te noto estresado y agobiado por las condiciones en las que tienes el auto y la casa y antes de que yo te pida explicaciones me cuentas todo: me explicas que tuviste que despedir a todo el personal, ya que la suma del salario mensual de los diez empleados resultaba incosteable para tí, que los focos o bombillas de luz eran en total 500 y no podías sustituirlos todos, además usarlos generaría una factura impagable de electricidad; tampoco te era posible impermeabilizar los más de 400m2 de superficie en el techo, por lo que las goteras habían comenzado a entrar en la casa, sin contar con los cientos de litros de pintura necesarios para pintar la casa sólo por fuera.


También decidiste clausurar la mayoría de las habitaciones, ya que la caldera que calienta el agua para cada habitación consumía una cantidad de gas estratosférica, y qué decir de los candiles que requerían un mantenimiento especial para mantener su brillo, por no mencionar lo difícil que era acceder hasta la parte más alta del techo en donde se encontraban. Sobre el carro me comentas que se trata de un vehículo de doce cilindros y que la gasolina no rendía nada, además cuando intentaste reparar los rayones y golpes te hicieron un presupuesto basado en el modelo del auto que no era nada barato. Un sólo neumático para ese coche costaba lo que podía costar lo de un coche pequeño de segunda mano, lo mismo que con el rin y el espejo lateral. El servicio para ese tipo de vehículos sólo se puede hacer en agencias especializadas y con un costo mucho muy superior al de un coche más convencional. Finalmente has tomado tu antiguo coche y sólo has ocupado la porción de la casa que realmente podías manejar.

Creo que siempre había deseado cosas como esa, pero jamás me había concentrado en los detalles de lo que ello implica. Había comprendido aquello de poseer con agrado y cuidar bien de lo que tenía, pero nunca lo había pensado a ese nivel de detalle y en una escala superior a la que yo manejo habitualmente. ¿Pero entonces qué se puede hacer al respecto, si a veces las circunstancias superan aquello que estás acostumbrado a manejar?

“Justamente es el comienzo: ser agradecido y cuidar lo que ya se tiene en la actualidad: el trabajo, la pareja, el dinero, la casa, el coche, la salud y absolutamente todo, incluso aquello denominado “malo”. La vida es un gran evaluador, pero no es en todos los casos para juzgarnos, sino también se percata de aquellos momentos en los que ya hemos aprendido a poseer con dominio natural y agrado aquello que tenemos, y es en ese momento en que las nuevas circunstancias se van a presentar ante tí: un ascenso inesperado, una oportunidad de negocios, nuevos mentores, una casa nueva, etc. Pero cuando se presentan las nuevas circunstancias, el aprendizaje comienza de nuevo y nuevamente somos observados y es preciso tenerlo en cuenta, ya que cuando la vida se percata de que nuevamente nos ha causado agobio y que no somos capaces de manejar nuestras nuevas circunstancias con cuidado, naturalidad y agrado, la vida misma se encarga de salvarnos de nosotros mismos. Si observamos las condiciones en que mantenemos lo que hoy poseemos y luego pensamos en aquello que anhelamos, percibiremos una cierta distancia, la distancia que hay entre las condiciones en las que manejamos las cosas que poseemos en la actualidad y las circunstancias y condición a las que queremos llegar y en la medida en que exista una mayor distancia, es la medida en que somos evaluados y es así como podemos intuir qué tan lejos o qué tan cerca estamos de recibirlo por parte de La Vida y si podremos manejarlo o no.



Imagina que tienes dos hijos pequeños, de aproximadamente 10 años y en una tarde de domingo, uno de ellos se acerca a tí y te pidiera $20 pesos (1 dólar) y al dárselo se acerca tu segundo hijo y de igual forma te pide otros $20 y se los das tabién, pero luego de unas horas, ambos vuelven a buscarte para pedirte $20 más cada uno y antes de dárselos les preguntas qué hicieron con el dinero anterior, el primero te responde que con ese dinero ha comprado dulces y ha salido a vender a otros niños, así ha recuperado sus $20 pesos más otros $20 de ganancia. A ese hijo tuyo quizá ya no le darías $20, sino $100 (5 dólares aprox), pues si ha sido capaz de convertir $20 en $40, lo más seguro es que podrá convertir $100 en $200.



Luego llega tu segundo hijo y también te pide $20 pesos, pero al preguntarle qué ha hecho con el el dinero que le has dado previamente, te responde que con ese dinero ha comprado un montón de dulces, pero que se los ha comido todos; quizá pensarás que si con $20 pesos puede provocarse una buena caries en los dientes, no sólo le negarás otros $20, sino que con $100 o más quizá hasta se convierta en diabético, pero es tu deber evaluar y evitar que tus hijos se infrinjan algún daño a partir de los recursos que les proporcionas. Pues bien, ahora imagina que tú no eras realmente tú, sino La Vida y que tu eres uno de esos dos niños, y le pides a la vida que te de más de lo que ahora tienes. Comprenderás que es el deber de La Vida el preservar tu bienestar.”

Finalmente mi mentor había tocado el punto central de la plática. Ahora comprendía por qué la actitud de agrado y cuidado son importantes para alcanzar la naturalidad en el dominio, control y cuidado de lo que poseemos y que esa gran evaluadora que nos da o a veces nos priva de ciertas circunstancias, se mantenía en una observación constante, ya que simplemente estamos destinados a perder todo aquello que no podamos manejar: pensé en muchas personas que conozco que habían obtenido puestos laborales que estaban por encima de sus capacidades reales y que finalmente eran “expulsados” o despedidos debido a los malos resultados; amigos que adquirían vehículos más lujosos y costosos de lo que podían mantener y terminaban vendiéndolos o bien los autos comenzaban a deteriorarse sin que el dueño pudiera solventar los gastos; amigos que debido a sus malos hábitos consumían productos y sustancias nocivas y al obtener un aumento en sus ingresos moetarios, incrementaban el consumo de dichos productos poniendo y terminaban por perder su salud. Todo resultaba más claro y sin importar el ejemplo que viniera a mi mente, la conclusión era siempre la misma: estamos destinados a perder aquello que no podamos manejar. ¿Pero entonces es así como las cosas terminan? ¿Sólo es un asunto de saber hasta dónde están nuestras posibilidades y vivir ante ellas con agrado?

Como dije antes, la idea del agrado y el cuidado a lo que tenemos era sólo el principio para poder compartir contigo el segundo concepto que resulta más interesante y por supuesto de mayor utilidad, pues se trata nada más y nada menos que de saber que seremos poseedores de aquello que nuestras capacidades nos permitan y es en efecto una ley universal el hecho de que todo lo que no podamos manejar se nos irá de entre las manos una y otra vez, sin embargo es ahí en donde radica el verdadero mensaje, ya que al comprender este principio, también se es consciente de que al ser capaces de manejar con naturalidad determinadas circunstancias, éstas vendrán a nosotros irremediablemente:



Si a una persona acostumbrada a manejar grandes cantidades de dinero, grandes responsabilidades laborales, acostumbrado a las mansiones enormes y los vehículos deportivos italianos de lujo y a la conducta, pensamientos y responsabilidad que ello implica, un día alguien le despojara de absolutamente todo (tan espontáneamente como en el caso en el que alguien te regaló una mansión y un auto) y llevara a esa persona a vivir debajo de un puente y en condiciones de indigencia, sencillamente al cabo de un par de años al regresar a buscar a esa persona al mismo puente donde fue dejado, ya no lo encontraríamos ahí y seguramente ya habría encontrado la forma de recuperar buena parte de todo lo que tenía, quizá más, quizá menos, pero definitivamente en vías de una pronta recuperación de sus bienes materiales, ya que es parte natural de las cosas que él puede manejar y por ende La Vida no dudará en proporcionarle las circunstancias que para él son las más naturales y habituales. Al comenzar esta charla comenté que no era a causa de las circunstancias que nuestra actitud era una, sino que era a partir de una actitud determinada que nuestras circunstancias eran justamente esas, ya que son el resultado de lo que para nosotros es cómodo y habitual tener: para muchos es de lo más habitual vivir al día y no es de sorprenderse que si llegaran a tener más, lo perderían hasta volver a su situación habitual, a  aquella situación en la que se sienten cómodos.

El punto estaba claro y era contundente. Hasta la fecha, cada vez que me pongo a observar mi propia situación o la de alguien más, a pesar de todas las teorías que existen en este mundo, concluyo en que simplemente tenemos y volvemos a aquello que nos resulta cómodo y familiar: a aquello que podemos manejar con normalidad. La normalidad, los hábitos y costumbres y lo que tenemos programado en la mente desde que somos muy pequeños, son estructuras difíciles de romper y eliminar de nuestro interior, sin embargo no es imposible y existen las técnicas adecuadas para ello, pero mi mentor tenía aún más que decirme a pesar de que en mi mente surgían más nuevas preguntas.

“Esta ley de abundancia y prosperidad se va a cumplir en todo momento, aunque ante algunas filosofías sea más evidente que ante otras. Algunas de ellas explican que obtendremos lo que merecemos a partir, no de nuestra capacidad de manejarlo o no, sino de nuestras buenas acciones dentro de un sistema de premios y castigos: si eres bueno te ira bien y si eres malo te va a ir mal. Esta es una charla que tiene mucho sentido y es en definitiva un tema del que también quisiera hablarte más adelante. Por ahora sólo me limitaré a decir que en un inicio, la vida sí te va a proporcionar las circunstancias que puedas manejar y que en efecto, te va a arrebatar aquellas circunstancias que no puedas y especialmente aquellas que te pongan en cierto peligro o sufrimiento y que sencillamente son mucho más de lo que puedes soportar, pero que no debe caber la menor duda de que La Vida va a actuar:



La Vida está hecha para salvaguardarse, para generar más vida y más abundancia y es por ello que no va a otorgarnos situaciones que nos pongan en riesgo. Quizá ahora mismo pienses en situaciones llamadas “malas” como la enfermedad y la pobreza extrema, pero eso corresponde a otro concepto del que ya hablaremos, pero del que podemos anticipar una cosa: no es algo “malo”, sino algo que no hemos comprendido aún, pero hay una forma de comprenderlo. Sin embargo, volviendo al tema, La Vida es esa fuerza que llena todos los espacios y está en expansión y dinamismo constante. Si tuviera que expresarlo en palabras muy simples, nuestras capacidades equivalen a un recipiente contenedor en el que La Vida vierte todas aquellas circunstancias profesionales, personales, económicas, etc. Imagina que estamos formados en una larga fila con nuestro recipiente extendido sujetado con nuestras manos al frente; estamos formados esperando a que la vida pase nuevamente y vierta dentro de nuestro recipiente aquel líquido que contiene la prosperidad. Algunos tienen recipientes pequeños que no llegan ni a medio litro, en tanto que otros tienen recipientes que son capaces de contener de forma natural un litro exacto de ese líquido. Otros tienen grandes baldes que almacenan quince litros, veinte, cincuenta, cien, setecientos litros. Así la vida pasa a menudo frente a cada uno de nosotros para evaluar qué tan agradecidos estamos con el recipiente que sujetamos actualmente, si nos parece demasiado pesado o si nos sentimos cómodos y podemos sujetarlo de forma natural, o bien reprochamos sobre su peso y dimensiones, o bien presentamos dificultdes para sujetarlo y al hacerlo a duras penas, derramamos ese líquido que a la vida no le gusta que se desperdicie en derramamientos causados por la poca pericia de quien sujeta el recipiente. Si La Vida se percatara de que somos poco competentes para cuidar y mantener el recipiente que se nos ha otorgado, la vida se encargará de tomarlo de vuelta y proporcionarnos uno más pequeño y si aún así no podemos, nuevamente nos lo va a cambiar por uno tan pequeño como podamos manejarlo naturalmente, hasta que La Vida esté segura de que podremos manejarlo. Hay personas como “los diez hombres más ricos del mundo” grandes empresarios en actividades lícitas e ilícitas que simplemente han demostrado ser capaces de manejar con naturalidad enormes contenedores de cientos de miles de litros de ese “líquido” que la vida vierte hasta el borde, sin que se derrame. A la vida no le importa si tu actividad es lícita o no, sino el tamaño de tu recipiente y tu capacidad para mantenerlo bajo control, sin derramar nada, de una forma cómoda y natural. La vida no está ahí para juzgar, ese no es su papel, sino el de llenarnos de acuerdo con nuestras capacidades. Serán otros agentes los que harán o no que recibamos posteriormente un resultado de acuerdo con nuestras actividades, pero como dije antes, es un tema del que hablaremos en otra ocasión. La Vida simplemente va a llenar nuestros recipientes sin cuestionarnos y sin emitir juicios de valores ni de ninguna otra naturaleza.


Ahora es tu decisión si adoptas el conocimiento que hoy, por una razón ha llegado a tí el día de hoy y no un minuto antes ni después. Pudiste no haber llegado hasta el final de la charla y eso habría demostrado que aún no era el momento en que podrías manejar este mensaje. Pero hoy lo has adquirido y ahora se trata de lo que tu decidas con base en tu capacidad y en el recipiente que hoy puedes manejar. La solución no está en las quejas, ni en el reproche o el desagrado y el descuido, sino en la práctica de cada día, en la práctica que te hace un maestro en el arte de cuidar y recibir con agrado lo que ya posees hoy en día, ya que estás en una evaluación constante. Tu actividad no será juzgada (al menos no por La Vida) sino tu capacidad para ser y comportarte ante el recipiente que posees. No eres tú, sino La Vida misma quien se encarga de sustituir tu recipiente cuando lo considera necesario. Muchos demuestran descuido y desagrado por el pequeño recipiente que ahora tienen, con el argumento de que no lo cuidan como es debido y lo derraman porque no consideran importante hacerlo, porque dicen estar esperando el recipiente grande, el que sí merece la pena ser cuidado y el que si merece una conducta de agradecimiento, pues “no son conformistas” y por ello no deben aceptar su condición actual. Ahora haz un análisis interior. No es a mí a quien debes responder, sino a tí mismo, en silencio, para llegar a tus propias conclusiones: cuál es el tamaño del recipiente que tienes actualmente, cuál es tu actitud ante él y cuál es la capacidad de almacenamiento del nuevo recipiente al que aspiras tener. Finalmente La Vida será tu gran evaluadora y sabrá mucho mejor que tú cuando es el momento y hacia qué nivel será el nuevo cambio.”

Esa charla con mi mentor se ha convertido en un concepto que llevo conmigo cada día. Al observar mis resultados en una tarea, ante un compromiso o al vivir mi vida dentro de mis circunstancias actuales, reitero a menudo esa Ley Universal: se han escapado de mis manos aquellas oportunidades para las que aún no estaba preparado y he recuperado con facilidad mi bienestar y mi prosperidad ante circunstancias que temporalmente me han hecho perderlo todo. No estoy en la mansión, ni debajo del puente, sino en aquellas circunstancias que reflejan de forma exacta mi capacidad y el recipiente que hoy puedo manejar.


Al Jaguar