miércoles, 14 de junio de 2017

¿Quién llega cuando tú llegas a un lugar?



A pesar de que el título de esta entrada puede resultar confuso, se trata de una pregunta que tiene mucho sentido. Nuestra forma de conducirnos en la vida tiene un impacto en las demás personas y por mencionar sólo algunas, podemos hablar de las personas con las que convivimos en el trabajo, con nuestros amigos, pero sobre todo con las personas con las que convivimos en casa.





¿Quién llega realmente a un lugar, cada vez que tú llegas? La respuesta a esta inusual pregunta tiene que ver con la forma en la que nos perciben las personas y lo explicaré con más detalle a continuación:

En una situación hipotética, imagina que sales de tu trabajo a las 20:00 horas todos los días y para llegar a tu casa te tardas aproximadamente 40 minutos, así que tu esposo o esposa, tus hijos, tus padres o las personas con las que vives ya saben cual es tu rutina y saben que estarás en casa, como todos los días a las 20:40hrs.




¿Pero qué tiene que ver todo eso con la pregunta que se ha planteado al inicio?

Ante el hecho de llegar a un lugar (que en este ejemplo es tu casa), ocurre que las personas que viven contigo (en este ejemplo), pueden reaccionar de dos formas principalmente: en el primer escenario tu esposo, esposa, hermanos o hijos, pueden esperar impacientes tu hora de llegada, ya que tu forma de ser genera en ellos una sensación de confianza, de amabilidad y de cariño. En este escenario tus hijos (especialmente los más jóvenes), preguntarán ansiosos por tu hora de llegada y quizá hasta puedan esperarte despiertos para recibirte de una forma amena y ferviente. A tu llegada, se genera un ambiente de calidez y las personas tienen la sensación de que ante tu presencia todo va a estar bien, sin mencionar las interminables pláticas que hacen que el tiempo vuele. En el segundo escenario, las personas que te esperan en casa experimentan una sensación de ansiedad y no desean mirar el reloj, pues cerca de las 20:40 horas llegará "El ogro de la casa" (o la malvada del cuento) por decir lo menos. En este escenario, los hijos guardan silencio y esperan las reprimendas usuales, las quejas constantes y la imposición de un monólogo repetitivo que no cambia el discurso negativo. En algunos casos, cuando llega "el ogro de la casa", todos guardan silencio y discretamente (o deliberadamente) todos se encierran en sus habitaciones para evitar la convivencia.




Es verdad que la convivencia con otras personas puede ser complicada y que el ambiente no sólo depende de una sola persona, pero vale la pena echar un vistazo a más de uno de los sitios a los que llegamos habitualmente, porque podría tratarse del caso en el que, efectivamente, somos nosotros los que estamos haciendo "algo" que se repite en diferentes ámbitos de nuestra vida: el trabajo, la familia, las amistades, los vecinos de casa, una fila en el supermercado o cualquier momento en el que nosotros llegamos.




Ocasionalmente vale la pena formularse la pregunta: ¿Quién llega realmente cuando tú llegas a un sitio? "La bruja" de la casa, "El Ogro", o aquella persona que es capaz de transformar un ambiente tenso en un ambiente agradable y de confianza.

Ser solteros o vivir solos no nos excluye de esta interrogante, pues en general desempeñamos papeles que nos exigen la convivencia con otras personas: profesores, médicos, gerentes, vendedores secretarias, administrativos, etc. 

La pregunta está en el aire y es bastante simple, pero la respuesta será única y compleja en cada uno de nosotros. Queda aquí una formal invitación a reflexionar en tu propia respuesta y espero que una vez que haya sido respondida, en silencio y con sinceridad, nuevas preguntas surjan en tu mente para fortalecer los aspectos positivos y cambiar aquellos que no están contribuyendo mucho en tus relaciones interpersonales en el trabajo, en tu familia y en cualquier lugar al que deseas llegar.