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sábado, 4 de noviembre de 2017

Los diez mil blanquillos del Sabio. Como lograr que las personas contribuyan a tus objetivos




Los Diez mil Blanquillos del Sabio

A las personas no les gusta seguir las ideas de los demás, pero entonces ¿cómo lograr que contribuyan a tus objetivos?


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Un día le pregunté a mi padre por qué a pesar de tener buenas ideas, incluso ideas que nos beneficiaba a todos, no lograba que las personas me siguieran a concretarlas; no me explicaba cómo era que una persona pudiera rechazar algo que sin lugar a dudas le convenía. Por si fuera poco, a veces me encontraba con personas que sin tanto esfuerzo lograban conectar con las personas y motivarlas a la acción. Las personas terminan apropiándose de las ideas y proyectos de los emprendedores y trabajaban contentos en ello. Yo no sentía que esas personas influyentes fueran más inteligentes o más capaces que yo, al menos no de forma categórica, por lo que el asombro crecía cada vez.


Mi padre me habló un poco sobre la forma en que las personas pueden relacionarse y lograr una conexión importante con aquellos a quienes se quiere involucrar en un proyecto determinado y me explicó:

"Hay personas que agradan y por lo tanto persuaden y personas que ayudan y por lo tanto persuaden persuaden, por lo que es natural que personas que agradan a la vista y personas que propician beneficios a otros tengan la capacidad de influir en los demás, pero, hijo,  te sugiero que observes con atención un hecho que es tan simple como importante: influir en los demás no debe significar un malestar para nadie y mucho menos para aquellos a quienes buscas persuadir. Tener un talento natural para persuadir no debe llevar a nadie a convencer para perjudicar a nadie, como por ejemplo persuadir para beber un veneno.


Puedes emplear tu apariencia agradable a los otros, pero un día puedes perder tu apariencia o puedes resultar agradable ante un tipo de público y ante otro no, asimismo puedes otorgar un beneficio a un sector y provocar una pérdida a otro".


Así mi padre habló amablemente conmigo y finalmente me dijo:


"Hay otras formas de generar interés en los demás y se resume en la siguiente frase:


*A las personas no les agrada seguir las ideas de los demás, pero gustan mucho de vivir bajo sus propias ideas*"


Yo no entendía bien el sentido de esas palabras, porque justamente me acerqué a mi padre para saber cómo hacer que las personas sigan mis ideas y no las suyas, pero no me malentiendas, me refiero a ideas y proyectos que según yo, van a traer bienestar a ellos y también a mi. Mi padre se dio cuenta de que esa frase no era del todo clara para mi y prosiguió:


"Hijo… a las personas no les gustará seguir tus ideas, ni las ideas de nadie más por muy buenas que sean… una persona que sigue las ideas de otros no es sino un empleado y como ya podrás imaginar, la mayoría de empleados no son felices y ven el trabajo como eso, como un trabajo. Y es de ahí que lo más importante para ellos es la paga o el salario".


Ya entendía un poco más sobre el hecho de que las personas no desean seguir los ideales de los demás y que de ahí la negociación por medio de la ganancia de transformaba en un instrumento tan poderoso… también me quedaba claro que el agrado y el carisma personal podría tener efectos en un público en tanto que en otro no, sin mencionar el hecho de que el agrado visual un día podría desaparecer.


Entiendo, papá todo ello, pero entonces ¿qué puedo hacer?


Mi papá me sonrió un instante y luego me contó una historia:


"Hace tiempo, un sabio, que era también un hombre justo, le dijo a su hijo que el invierno estaba cerca y que deseaba ayudar a los más necesitados con algo de alimento para que pudieran resistir el frío… su hijo le preguntó cómo podrían ayudar a tanta gente, si ellos mismos eran pobres y también debían superar el invierno. El sabio le respondió que debían obtener diez mil banquillos (huevos) suficientes para alimentar a todos, al menos durante los momentos más crudos del invierno.


El hijo encontró muy difícil esa tarea, sin embargo era obediente de todo lo que su sabio padre le recomendaba. Al día siguiente, el joven hijo se dirigió a la primera granja y habló con el dueño del lugar, explica do le que su padre y él tenían la in te con de reunir diez mil huevos para ayudar a las personas mas necesitadas durante el invierno. El dueño de la granja y todas las personas de los alrededores conocían al sabio y lo admiraban y respetaban, pues sabían muy bien que era un hombre justo. Nadie dudaba de él, ni de sus intenciones de ayudar a los demás, sin embargo, el granjero le dijo al muchacho que no podía ayudarlo con esa cantidad, sin embargo le dio cinco banquillos y le mandó Saludos al sabio.


El joven caminó apresurado a la siguiente granja y al explicar lo mismo, el granjero le dio tres blanquillos y ma don vio sus Saludos al sabio.


El joven, un poco afligido, regreso con su padre el sabio y le dijo que no podrían lograr reunir tal cantidad de comida, incluso si los granjeros aportaran diez huevos, tendrían que visitar mil granjas y no existía tal cantidad de ellas en toda la región.


El padre sabio le pidió a su hijo que fuera a la siguiente granja y que le explicara al dueño granjero sobre su intención de ayudar a los necesitados durante el invierno y que luego le pidiera como ayuda un sólo huevo.


El hijo exclamó y le dijo que ya era imposible encontrar mil granjas en las que cada granjero aportará diez huevos, que sería imposible encontrar diez mil granjas en las que cada uno aportara un sólo huevo; y aún si existieran ¿cuanto tiempo demorarían en recolectar los diez mil banquillos? El sabio con un gesto amoroso le pidió que hiciera caso de sus palabras y el hijo, aunque estaba desconcertado, obedeció a su padre.


Así el joven se dirigió a la tercera granja y al hablar con el dueño granjero le explicó todo tal como se lo pidió su padre: *Señor granjero, mi padre y yo deseamos alimentar a los necesitados durante el invierno y es por eso que pudo de su ayuda y le pido que nos compara uno de los banquillos que produce su granja*


El granjero, quien conocía bien al sabio y sabía que era un hombre justo, estaba sorprendido y exclamó: ¡¿Un sólo huevo?! ¡De ninguna manera! Tú sabes cuánto respeto y aprecio a tu padre, pero recolectando un sólo huevo nunca podrán ayudar a los necesitados. El granjero le pidió al joven que esperara y entró a su granja; al cabo de unos rato, el granjero regresó donde estaba el joven y le dió tres cajas con 360 huevos cada una y le dijo: *Llévale estas cajas a tu padre, dile que es mucho mejor idea si recolecta los banquillos por caja en lugar de uno en uno… y envíame por favor mis Saludos*


El hijo del sabio estaba impresionado y muy contento de ver aquel resultado. Son duda podrían ayudar a todas esas personas necesitadas durante el invierno. Así de la misma forma fue visitando todas las demás granjas y en cada una de ellas obtenía los mismos e incluso mejores resultado.


Luego de contarme es historia, mi padre nuevamente me dijo: *Hijo, a las personas no les gusta seguir las ideas de los demás, pero les agrada verdaderamente seguir las ideas propias


Luego de ello se retiró y me dejó mucho en qué pensar…

Muchas gracias por leer este artículo...

viernes, 15 de septiembre de 2017

Los bigotes del Tigre (Una leyenda que cambiará tu vida)

Los bigotes del Tigre




Hace mucho tiempo, un matrimonio en Corea vivía una vida tranquila y en armonía. Eran un matrimonio cariñoso y muy unido: el esposo era atento y solía estar al pendiente de las necesidades del hogar y de su pareja y a su vez la mujer se dedicaba a procurar a su marido y su hogar. Eran un matrimonio humilde y vivían en una comunidad pequeña y tranquila.


Un día, el marido fue llamado a la guerra, por lo que tuvo que ausentarse de su hogar furante mucho tiempo. Después de un par de años, la esposa comenzó a hacerse a la idea de que su marido había fallecido en combate y poco a poco perdió las esperanzas de volver a verlo. La pareja nunca tuvo hijos y la mujer permaneció sola.
Una mañana y de forma inesperada, el marido tocó a las puertas de se hugar. La mujer abrió la puerta de su humilde casa y al mirarlo se le llenaron los ojos de lágrimas de felicidad, pero también de tristeza al mirar a su marido tan delgado y con un semblante de quien ha visto las atrocidades de una guerra.


La mujer lo recibió cálidamente, le preparó un baño y una cena de bienvenida. El hombre parecía tener la mirada perdida, había perdido aquellos rasgos de bondad que lo caracterizaban y ya no era amable con su esposa. El hombre tomó el baño y se sentó a la mesa sin decir ninguna palabra. La esposa inte taba tímidamente de conversar y ponerlo al tanto de lo que había ocurrido en todos esos años, pero el marido ni siquiera la miraba a los ojos, Durante la cena, el marido apenas probó bocado, se levantó de la mesa y se fué a dormir a otra habitación completamente solo. Al cabo de unos meses, la conducta del marido no mejoraba y su hostilidad era más evidente. La mujer extrañaba a aquel hombre que siempre demostró preocuparse por ella y por los demás, extrañaba aquel hombre de carácter bondadoso y de sonrisa abierta y sincera de mirada noble.
Un día, la mujer se dirigió con el brujo que vivía en las afueras del pueblo cerca de las montañas en el bosque. La mujer le contó al brujo lo que le ocurría a su marido y le pidió ayuda para que, mediante algún hechizo o posión, pudoera liberar a su marido de los recuerdos dolorosos de la guerra.


El brujo le dijo a la mujer que existía una fórmula para recuperar a su marido, pero para ello era indispensable que le llevara los bigotes de un tigre vivo cortados por la propia mano de la mujer.
Al oir esto, la mujer sentía que su corazón se desprendía de su pecho; no tenía la menor idea de cómo lograr tal hazaña sin perder la vida ante el poder del tigre. El brujo le dijo que esa era la única forma en que podría ayudarla con la fórmula para curar a su marido.

La mujer estaba tan enamorada de su esposo y estaba tan feliz por haberlo recibido nuevamente en casa cuando ya lo daba por muerto en la guerra, que decidió hacer todo lo que estuviera en sus manos para poder llevarle al brujo lo que le pedía.
Una mañana, muy temprano, la mujer se dirigió a las montañas donde vivía un tigre que no era joven, sino maduro, en una edad plena de agilidad y fuerza. La mujer no tendría ninguna oportunidad ante un depredador de tal magnitud y fuerza. Caminando por la orilla del río, la mujer vió al tigre desde una distancia más que prudente, al mirarlo sobre una roca, descansabdo, se detuvo y no pudo más que observarlo. El tigre repe tinamente volteó a ver a la mujer y sus ojos hicieron contacto. La mujer estaba petrificada ante la profundidad de la mirada de ese imponente depredador, al reaccionar ella se alejó y regresó a su casa.


Al día siguiente la mujer regresó al mismo punto y encontró nuevamente al tigre que descansaba en la roca. Ella estaba atemorizada y sólo el amor que sentía por su marido la hacía permanecer ahí. Cuando el tigre la muró directo a los ojos, ella estuvo a punto de quedar nuevamente congelada ante esa poderosa mirada, pero en cambio levantó lentamente sus brazosy y le mostro desde la distancia al tigre lo que llevaba: era un gran pedazo de carne, lo colocó lentamente en el suelo a orillas del río, volvió a mirar al tigre en señal de respeto y se marchó.
Al día siguiente la mujer regresó al bosque y encontró al tigre en el mismo lugar; las miradas le causaban un gran impacto, y el miedo a ser atacada la paralizaban por completo, sin embargo ella repetía la misma acción, elevando sus brazos y mostrando al tigre algún suculento bocado para él. 
Poco a poco y al cabo de unos meses, la mujer se acercaba un paso más al tigre, repitiendo el mismo ritual. El tigre poco a poco se acostumbró a su presencia, pero la mujer jamás demostró un exceso de confianza y siempre mostró respeto ante la naturaleza de ese predador tan majestuoso, pero con el paso del tiempo, la mujer pudo acercarse a tan sólo unos metros de ese enorme tigre. Un día, al llegar a la piedra, el tigre se acercó lentamente a ella; la mujer apenas pudo moverse al ver el tamaño de ese animal y al mirar sus garras y sus colmillos. Con mucho cuidado ella le ofreció el bocado habitual de carne y mientras él comía, ella puso suavemente su mano sobre la cabeza del tigre y comenzó a acariciarlo muy lentamente. El tigre mostraba sus enormes col.illos, pues no estaba acostumbrado a ese contacto, pero seguía comiendo lo que la mujer le había llevado. Así pasó una semana más y el tigre poco a poco mostraba menos resistencia a la mano de la mujer que poco a poco se acercaba a los bigotes mientras lo acariciaba.



Una mañana, mientras acariciaba al tigre, decidió que ese sería el momento de arriesgar su vida para arrancar con sus propias manos algunos de los bigotes del tigre, quien sin duda iba a sentir un poco de dolor. La mujer tomo suabemente un puño con tres o cuatro bugotes y se preparó para desprenderlos de un solo tirón del hocico del tigre. De un solo movimiento y con gran fuerza tiró de ellos y los arrancó... El animal se levantó y mostró todos sus colmillos en señal de dolor, pero sacudió su cabeza y siguió comiendo.
La mujer sentía que su alma se desprendía de su cuerpo al tirar de aquellos largos y hermosos bigotes de tigre y al ver que el animal no tenía intenciones de quitarle la vida, sintió que su alma volvía a su cuerpo.


Una vez con los bigotes en la mano, corrió con el brujo para entregarle lo que le había pedido. Al llegar con él, le mostró los bigotes y le contó lo que había hecho para conseguirlos. Finalmente la mujer había llevado el ingrediente más importante para que el brujo preparara la fórmula que pusiera fin al sufrimie to de la señora y el de su marido, quien había sufrido toda clase de tormentos durante la guerra.La mujer entregó al brujo, uno a uno, los cuatro bigotes del tigre y esperó a que éste preparara la fórmula.
El brujo tomó los bigotes y al calor de una vela le prendió fuego a cada uno de ellos ante la mirada incierta de la mujer y después se dirigió hacia ella y le dijo: *así como has sido paciente con un animal salvaje, un depredador ante el que no tendrías ninguna oportunidad, así como has ganado la co fianza de un tigre, con dedicación, con paciencia, constancia, delicadeza y respeto, así mismo debes ser paciente con tu marido, quien no es un animal salvaje e irracional, sino sólo un hombre que por alguna razón ha perdido la alegría en su corazón y que con paciencia, dedicación, amor y respeto, puede recuperarse*


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jueves, 20 de julio de 2017

¿Cómo recuperar la Felicidad permanentemente?

¿Cómo recuperar le Felicidad permanentemente?





Más personas de las que imaginas pasan por un tipo de tristeza, depresión o angustia de alguna naturaleza. Si pones atención y escuchas con cuidado, notarás que las personas no viven realmente felices en general, especialmente los adultos. Este hecho se vuelve más relevante y digno de tratar cuando además resulta que tú y yo no somos los únicos que deseamos salir de esa condición que por alguna razón no nos permite disfrutar de la vida al máximo y reír y vivir sin preocupaciones, como si la vida estuviera finalmente resuelta y pudiéramos ya dedicarnos sólo a disfrutarla.


Estoy convencido de que la felicidad y la plenitud existen; afortunadamente he conocido personas que han llegado a mi vida (y estoy seguro de que también han llegado a la tuya) y que irradian esa maravillosa energía de personas que son verdaderamente felices. Si bien son muy escasas las personas que se encuentran bajo dicha condición, lo cierto es que existen y están ahí, y por ende también tú y yo podemos llegar a ese nivel de paz y felicidad.

También estoy convencido de que conocer las causas de lo que nos aqueja, así como conocer los diferentes niveles de tribulación y tristeza que hay dentro de nosotros, la sintomatología de la tristeza y por supuesto diferentes alternativas y soluciones, pueden ayudarnos a lograr un nivel de felicidad importante y una mejor calidad de vida. A continuación haré un intento por describir algunos conceptos con los que puedes sentirte identificado, así como síntomas, niveles, pero también alternativas que espero te ayuden a dar un paso más hacia la recuperación de la alegría que antes era parte natural de tu forma de ser.

LOS NIVELES DE TRIBULACIÓN

EL NIVEL SUPERFICIAL. Prácticamente todas las personas en el mundo tenemos problemas y tribulaciones a este nivel y a pesar de no ser el rubro de los problemas más grandes, sin duda es posible dejarnos enganchar por ellos a tal punto que nuestra paz y tranquilidad se ven comprometidos. Al hablar de este nivel de *dificultades* me refiero a esas pequeñas cosas que nos pasan en la vida, pero que nos hacen enojar o nos exasperan tan constantemente como puedan ocurrir y tan intensamente como estemos dispuestos a permitirlo. Me refiero a problemas que tienen una solución relativamente sencilla, pero nos hacen ahogar en un vaso de agua como cuando se nos pincha un neumático, cuando perdemos la billetera o extraviamos las llaves o las dejamos dentro del coche. Cuando alguien llega tarde a una cita con nosotros, cuando alguien olvida el aniversario o deja arriba la tapa del escusado con regularidad.

Recordemos que este artículo habla sobre cómo ser felices y si somos responsables respecto a ello, merece la pena hablar de todo aquello que nos roba la felicidad, tomar conciencia de ello y empezar a trabajar en su solución.

Si la mayoría de los problemas que te arroja la vida son de este tipo, creo que realmente puedes considerarte afortunado. Podrás comprenderlo mejor cuando lleguemos al nivel de problemas que en verdad trastocan el alma de un ser humano.

EL NIVEL PERSONAL. En esta categoría de tribulaciones nos encontramos con situaciones más serias que las anteriores. Cualquiera con un problema de esta naturaleza cambiaría su situación por veinte de las anteriores sin pensarlo. Los problemas de nivel personal van más allá de la discusión con un vecino o un desacuerdo con un colega del trabajo, es mucho más que extraviar un teléfono costoso, golpearse en la espinilla con la esquina de una mesa o romper tu costosa cámara (eso es del nivel anterior). Ahora hablamos de circunstancias que realmente transforman abruptamente la vida de las personas que lo viven. Supongo que sabes ya de qué tipo de situaciones hablamos: enfermedades que merman las capacidades de una persona de forma significativa, padecimientos crónicos incapacitantes o situaciones sociales que impiden el desarrollo normal de una vida. Estamos hablando de enfermedades como el cáncer o padecimientos como la ceguera, la invalidez o la pérdida de alguna extremidad o el perder la libertad y ser recluido en una cárcel durante muchos años. Hay problemas que tienen solución y que se reponen con tiempo, dinero u otras alternativas, pero que no afectan a la persona en su integridad. Quienes han pasado por situaciones de este nivel pueden constatar el hecho de que con gusto preferirían perder su casa y su empleo antes que su salud o su libertad. Sorprendentemente hay un nivel más alto del que quisiera hablar.

EL NIVEL EMOCIONAL Algunos problemas ya son de una naturaleza tal que llega a afectar nuestras emociones más estables, provocando sensaciones de vacío, miedo, angustia, insatisfacción, soledad y tristeza. Es un nivel que alberga, desafortunadamente, a la mayoría de las personas deprimidas en el verdadero significado de la palabra depresión. Tiene que ver con rupturas emocionales, pérdidas y heridas a nivel emocional. Personas sometidas a vejaciones emocionales constantes, pérdidas de seres queridos, amigos y familiares, con frustraciones profesionales profundas y aspiraciones truncas, es decir, con circunstancias que el dinero no puede sustituir. El nivel es tan profundo que quizá pagar una condena de diez años en prisión parece nada en comparación con las tribulaciones de este tipo, aunque es totalmente equivocado comparar un problema con otros, error común que cometemos cuando miramos a alguien más y decimos que “sus problemas no son nada comparados con los míos”, pues a cada quién y a su nivel, sus problemas lo afectan, de lo contrario no habría necesidad de escribir sobre el tema de cómo recuperar la felicidad..

EL NIVEL DEL ALMA O NIVEL INTERIOR. Realmente no sé cómo llamarlo, porque corresponde a una parte de nosotros que no se puede ver o tocar, ya que tiene que ver con el alma, con la inocencia y con eso que nos hace ser nosotros mismos. En este punto es muy probable que no todos los lectores puedan comprender este nivel de tribulaciones, porque no es fácil comprender algo que está dentro de nosotros y que siempre ha funcionado correctamente y por ello no nos percatamos de su presencia. Me recuerda a un coche que está compuesto de diferentes partes y sistemas, pero jamás pensamos en esas partes hasta que se descomponen. Este es el punto al que realmente quería llegar, pero también es el más difícil de explicar, porque hay palabras que sólo intentan, pero no son suficientes para describir esos niveles del ser humano, pero puedo decir que hay muchos problemas en esta vida, pero muy pocos, por “graves” que sean pueden llegar a tocarnos el alma y descomponerla como sucede en este nivel. “Afortunadamente” son muy pocas las personas en el mundo que llegan a sufrir tales agravios y pueden ser muchas las causas, al final son muy pocas las situaciones que en verdad pueden llegar a tal punto en una persona, desafortunadamente el día en que se presentan dichos problemas, las consecuencias en la persona son casi irreversibles. es como pensar que “en este mundo ha habido más disparos de armas de fuego que bombas atómicas”. Todas hieren, pero las proporciones son incomparables.

En los niveles anteriores he puesto ejemplos de las diferentes tribulaciones de acuerdo con el nivel, pero en este caso es mejor no hacerlo, ya que el sólo hecho de mencionar algo que rompe a una persona por dentro, hasta llegar a tocar su alma, es delicado en todo sentido, incluso el mencionarlo puede ser causa de malas enseñanzas, de aprendizajes de cosas que no deseamos saber o imaginar. Sólo las personas que han experimentado tal dolor pueden comprender claramente de lo que aquí se está hablando. Intento que al mismo tiempo este punto sea muy claro incluso para quienes jamás han tenido que atravesar por una situación así, pero imaginen que el alma sólo puede ser tocada muy pocas veces y por muy pocas cosas en esta vida y que un leve rasguño al alma puede descomponer a una persona por completo y de forma irreversible hasta llegar a la locura (literalmente hablo de perder la razón y acabar en un manicomio). Las personas que han experimentado estos niveles aseguran que un punto clave, un parteaguas en su vida es la formulación de un dilema interior: recuperarse y transformar su vida por completo, o abandonarse y volverse un ser humano deliberadamente malo; también afirman que todos los “problemas” que se han presentado después de aquel evento que tocó su alma, ya no parece tener ninguna importancia, por muy grave que parezca ante los ojos de los demás. Naturalmente después de haber enfrentado un mar de ese nivel, todo lo demás parece como un charco de agua.

LAS CAUSAS DE LA INFELICIDAD MÁS FRECUENTES

En términos prácticos intentaré hacer mención de las causas más frecuentes de aquello que las personas manifiestan como principales fuentes de infelicidad. Es imposible mencionarlas a detalle, a corte y confección de la vida de cada uno, pero de forma general mencionaré algunas que son las más frecuentes en nuestros tiempos:

LA SITUACIÓN ECONÓMICA. He decidido mencionar esta causa entre las primeras, porque definitivamente hemos escuchado más de una vez y a más de una persona lamentarse a causa de su situación económica. El mundo se mueve también gracias al dinero y esta dinámica no nos permite dar el lujo de detenernos o quedar fuera del sistema, pero nos puede llegar a estresar tanto que nuestra felicidad se ve afectada constantemente por este hecho. Es verdad que hay incertidumbre laboral, económica, política y que todo ello afecta a nuestra estabilidad económica, pero si sólo se trata de eso, tiene una solución relativamente sencilla.

LA FRUSTRACIÓN PERSONAL. Profesionistas que no están conformes con su ocupación, personas que no están haciendo realmente lo que aman y que se sienten atrapadas en la monotonía y el estancamiento e incluso si se trata de personas económicamente bien remuneradas que no se sienten satisfechas con lo que hacen. También personas que no se sienten plenas en su matrimonio, noviazgo o que están en busca de una pareja que parece jamás llegar. Frustraciones a nivel personal, material y emocional que siempre nos hacen seguir anhelando y buscando más allá y que no nos permiten disfrutar momentos y nos privan del momento más importante que es el ahora.

LOS CONFLICTOS EMOCIONALES. Aunque todo vaya bien, hay algo que nos conflictua en el interior. Pareciera que la pareja es un buen partido, que la profesión y el trabajo son prometedores e incluso nos permitimos viajes y caprichos materiales, pero hay algo que nos hace falta y que nos hace sentir inconformidad, que nos pone de mal humor y por alguna razón no comprendemos qué es lo que nos pasa. Generalmente se debe a que en nuestra mente hay discordancias con cierto nivel de importancia, es decir, todos en alguna forma nos contradecimos y no estamos “correctamente alineados” entre lo que decimos y hacemos, pero hay un punto en el que tales contradicciones no nos permiten vivir en paz, como quien sabe que fumar y beber alcohol es dañino, es consciente de ello, pero lleva muy a menudo un cigarro y una bebida alcohólica a la boca. Parece poca cosa, pero finalmente se trata de una contradicción entre nuestros pensamientos y nuestras acciones y donde no hay roce no hay fricción, donde hay fricción hay oposición y donde hay oposición hay conflicto. Muchas personas hacen actividades, emiten palabras y comentarios, se conducen muy a menudo en contra de su voluntad, o bien están privados de actuar voluntariamente. Hay policías que no desean serlo y abogados que se sienten realmente incómodos al defender a verdaderos criminales. La paga es buena, pero hay un conflicto importante entre el pensamiento y las acciones y eso provoca la pérdida de la felicidad.

Solo cada uno de nosotros puede analizarse y saber a qué nivel y con qué frecuencia aparecen las contradicciones en nuestra vida.

LOS PROBLEMAS IMAGINARIOS. Son “el enemigo público número uno”, debido a su gran abundancia en nuestra mente. Ocupan un muy importante tiempo y espacio en nuestra mente. En este punto es necesario ser verdaderamente sensibles al verdadero significado de este concepto. Imaginario, en principio significa que no es real, pero que habita en nuestra imaginación. Ya hay mucho material que explica cómo la mente influye sobre nuestro cuerpo, a tal punto que incluso sin la actividad neuronal y las pulsaciones eléctricas, simplemente no podríamos vivir (literalmente estaríamos muertos), por lo que la imaginación, la mente y los pensamientos son el noventa por ciento de lo que consideramos “vivir una vida”. Es muy importante que este concepto quede bien claro, porque entenderlo significa en sí mismo un avance en la recuperación de la alegría y la felicidad.

Los problemas imaginarios también son conocidos como “asuntos pendientes” o “planes a futuro” o “experiencias del pasado”, “traumas”, etc. Sencillamente porque durante toda la eternidad sólo nos podemos situar REALMENTE sobre el ahora, pues jamás estamos en el ayer o en el mañana y tampoco estamos nunca en el allá o en el más allá, sino en el AQUÍ y ahora me valdré del hecho de que hay ya mucho conocimiento de tu parte sobre esos conceptos de aquí y ahora como el único momento y lugar válidos en la eternidad. Lo demás es sólo un invento en nuestras mentes que nos sirve como punto de referencia para seguir trasladando nuestro cuerpo de un “aquí” a otro… (o sea de “aquí” a “allá”). Ayer ya no existe, nunca existió y mañana aún no llega y jamás llegará, porque siempre estamos en el aquí y el ahora. Sé que lo comprender a la perfección, y por eso comprenderás perfectamente que agobiarse por pensar en el futuro, si tendrás dinero, si encontrarás trabajo, si tendrás a la pareja de tus sueños, si debes pagar las cuentas o si un día te secuestran o roban a uno de tus hijos es sólo un problema que está en tu mente, situado en un lugar que no existe (el pasado y el futuro) y que gracias a ese punto de referencia mental que construimos (el ayer y el mañana), podemos mover el cuerpo hacia un nuevo aqui y un nuevo ahora para pagar las cuentas, para trabajar, para casarnos, tener hijos y poder “recordar una vida” (vivir una vida). Tristemente, recordar un problema es volver a vivirlo. Recordar el daño que te han hecho y repasar los sufrimientos de “anteriores ahora” es un mal hábito que hace que nuestras neuronas manden los impulsos al cuerpo y que nos hacen volver a vivir una y otra vez algo que ya no existe, pero que roba completamente nuestra felicidad. El verdadero “ahora” no tiene ningún problema real a menos que justo ahora se esté quemando tu casa o justo ahora esté ocurriendo algo que amenace tu ego o ponga en riesgo tu integridad, tus emociones o tu alma, pero dudo que justo ahora esté pasando. Lo que sí creo es que alrededor de este tiempo estés pensando en lo que te ocurrió, o que tengas miedo de algo incierto en el futuro.

LOS PROBLEMAS REALES. Como ya dije, sólo es real el aquí y el ahora. En verdad dudo mucho que justo ahora estés leyendo esto mientras un tigre te ataca o un ladrón está saqueando tu casa o te estés ahogando. La palabra real sólo tiene un sentido y si ese sentido no se cumple, simplemente es irreal, no inmediato o imaginario. Digamos que “incluso la realidad aumentada, por el simple hecho de ser aumentada ya ha sido modificada y por lo tanto es falsedad”. Lo mismo pasa con lo real, por lo que en términos de problemas, si no lo estás viviendo justo ahora, físicamente palpable, es imaginario. Es tan exacto, que si hace un momento discutiste fuertemente con tu pareja y mañana se divorcian, en realidad justo “ahora” no estás teniendo un problema. Lo tuviste hace un momento y lo tendrás mañana, pero a menos que físicamente estés discutiendo con él o ella, el problema ya sólo es imaginario. Si tienes miedo de que tu casa se queme y en diez años jamás pasa nada sufriste realmente durante diez años por algo que sólo fue imaginario. Y digo que sufriste realmente, porque al angustiarte porque tu casa se quemara, pasaste diez años respondiendo fisiológicamente a una señal que tu cerebro enviaba a tu cuerpo bajo la idea de una casa en llamas durante diez años. Al cabo de diez años tu casa realmente se quema, pero el problema es real sólo a partir del momento en que la casa, literalmente, empieza a artes y ni un segundo antes.
¿Recuerda el miedo que te producía saber que tus padres te llamaban para regañarte enérgicamente por algo? La sensación de miedo te paralizaba y no querías que llegara la hora en que volvieran del trabajo para llamarte a su habitación y recibir el escarmiento. Era mucho peor en tu mente de lo que realmente sucedía en la realidad. El miedo podía durar horas, hasta que realmente tus padres estaban frente a ti y comenzaban a hablar. Incluso cuando ya estabas frente a ellos, viviendo y enfrentando el momento que más temías, todo tu miedo desaparecía. La imaginación mal empleada es el enemigo público número uno.

LA AUTOESTIMA. Continuando por la rama de la imaginación, tenemos que el ego y la autoestima son inventos de nosotros mismos para sustentar nuestra existencia y la idea de que “vivimos una vida”. Sobre esto también hay ya mucho sobre auto ayuda y autoestima, por lo que sólo me limitaré a decir que la autoestima es la base sobre la que se construyen nuestros recuerdos, experiencias, emociones, etc. a nivel personal y de forma intransferible (ya que cada quien tiene su propio ego y su propia autoestima, de lo contrario no sería “auto”, sino sólo una “opinión” de una persona respecto a otra), desafortunadamente en muchos casos la opinión de terceros es uno de los primeros ingredientes de la infancia sobre los que se va consolidando la autoestima y sabemos que las personas no suelen ser constructivas, amables y positivas en la vida. “Un triste sólo podrá criar a otro triste” por así decirlo, o para que suene mejor, digamos que “un zapatero no puede educar a un panadero”. Esos ingredientes fundamentales se introdujeron en nuestra concepción de nosotros mismos desde nuestra niñez y hasta ahora se cree que resulta muy difícil deshacer esa receta para volver a prepararla con ingredientes nuevos y definitivamente de buena calidad. Para simplificar esta idea, que bien podría llevarse toda una carrera con maestría y doctorado en psicología, sólo diré que hay principalmente dos tipos de personas “los que se sienten amados” y  “los que no”, pero para simplificarlo aún más digamos que sólo hay dos tipos de personas “los que piensan bien de sí mismos” y “los que piensan mal de sí mismos”, ya que en la historia de la humanidad ha habido personajes destacados que aseguran haber sido rechazados desde la infancia (no amados, puestos en adopción, maltratados, etc.), pero que a pesar de ello lograron ser destacados e incluso felices porque pensaban bien sobre sí mismos,

Dime… ¿Qué piensas tú sobre ti mismo(a)? en realidad a mi no es a quien debes responder, sino a ti mismo y debes ser lo más sincero posible y responder en silencio, en tu interior, después de un momento a solas en el que puedas reflexionar sobre tu vida (o los recuerdos que no corresponden al aquí y al ahora). La respuesta tiene que ver con la construcción de tu identidad, con tu forma de ganarte la vida, con las contradicciones mentales con las que quizá vives, con lo que anhelas y sobre qué piensas de tí mismo respecto a ellas. ¿eres un juez duro contigo mismo? ¿Te permites errores o te castigas con severidad? ¿Si tu fueras de la mano contigo mismo, pero ese otro “tú” fuera un niño(a) pequeño(a)... cómo lo tratarías en el camino si tuviera hambre, miedo o frío… o si cometiera un error? La respuesta es importante porque parece una situación hipotética, pero en realidad ese niño eres tu y da la casualidad de que sí existes, tan existes como que estás leyendo esto y tan vas de la mano contigo mismo como que la única persona segura que va a estar contigo desde que naciste hasta que te mueras eres tú. ¿Qué piensas de ese niño que va contigo de la mano… acaso es un tonto o un genio… y qué tipo de vida merece… qué harías si le dan ganas de jugar y sonreír?

¿Tienes alguna fotografía tuya de cuando eras niño? Si tienes alguna en la que estás sonriendo, no pierdas tiempo y ve por ella, mírala bien, porque cuando uno es niño sonríe con verdadera sinceridad y uno es feliz e inocente. Si tienes una fotografía de ti, cuando eras niño y estás sonriendo, tómale una foto con tu teléfono y guárdala. Sigues siendo esa persona y si fuiste feliz una vez, puedes volver a serlo.

La autoestima no sólo es un problema por ser “baja”, sino que se transforma en una patología cuando está mal calibrada, pues es posible tener baja autoestima incluso si se tienen muchos talentos y cualidades, pero también una autoestima desproporcionadamente alta conlleva a experimentar sensaciones no gratas.

Estamos por llegar a las alternativas sobre cómo recuperar la alegría y ser verdaderamente feliz, Feliz a pesar de la economía y de los problemas cotidianos, Feliz después de la recuperación de nuestras emociones y feliz incluso después de haber recibido un rasguño que descompuso nuestra alma. Pero antes voy a escribir algo sobre la sintomatología de la infelicidad y la sintomatología de la felicidad.

SÍNTOMAS DE LA TRISTEZA. Quizá te identifiques con alguno de los siguientes síntomas: privación del sueño por la noche y una sensación de somnolencia durante el día, apatía por las cosas, por las personas y por lo que escape a la rutina. Desorden alimenticio que va desde un simple problema de hábitos como comer a deshoras, comer alimentos que no son saludables, hasta bulimia y anemia. Una sensación de cansancio o agotamiento ante la idea de comenzar un proyecto; algo en tí desea llevar a cabo proyectos como bajar de peso o encontrar empleo, pero inmediatamente te invade una descarga de energía que hace que sólo te sientes y termines por no hacer nada. Miedo de morir y pensamientos de que algo te va a pasar: muchas personas manifiestan algo en común al sentirse infelices o deprimidos y aseguran tener la sensación de que los van a arrollar al cruzar la calle o que al conducir su coche se va a impactar un auto por detrás, que se encuentran en una pelea callejera contra algún desconocido, que alguien los está vigilando o espiando en sus actividades financieras o al teléfono, o en general que inesperadamente va a pasar algo que los lastime físicamente o emocionalmente (ideas recurrentes de problemas imaginarios), temor por la escasez y tendencia por la acumulación de objetos que otros consideran basura, pero que poco a poco van ganando espacio en casa. La sensación de que algo que planeas, por algún motivo va a salir mal simplemente porque se trata de ti y a ti todo te sale mal (baja autoestima). La tendencia a auto flagelarse, lastimarse u ofenderse cuando se comete un error.

Recordemos que este no es un artículo para tratar un trastorno específico, sino que la visión está invertida hacia la búsqueda y recuperación de la felicidad con la que nacimos y crecimos y a la que todos tenemos derecho. Curar un trastorno no significa ser feliz, sin embargo ser feliz puede significar la corrección de muchas áreas de nuestra vida.

Ser feliz no es estar libre de problemas, sino poder sentir alegría incluso ante la presencia de problemas y situaciones a resolver. La felicidad está situada en la mente, se manifiesta en el cuerpo y se expresa en el mundo. Ahora mismo me vienen a la mente las palabras de una doctora llamada Luis L. Hay que dice que un día escuchó una definición de “Salud” que le pareció muy acertada y que ahora comparto con ustedes, no de forma literal, sino reinterpretada para este artículo, pero que recupera toda su esencia:

“Salud no es sólo la ausencia o falta de enfermedad; salud no es sólamente no tener diabetes, cáncer o gripe. Salud es dormir bien, a buena hora y despertar descansados y con facilidad; salud es sentirse agradecidos, estar de buen humor todo el día, tener buen apetito, pensar con claridad, tener buenos pensamientos, ser agradecido, ser humilde y ser cariñoso.

¿Cómo estás de salud?”

Creo que la felicidad va en un sentido similar al de Luis L. Hay cuando uno trata de entenderla: Felicidad no es la ausencia de tristeza, como “vivir” es más que simplemente “no estar muerto”. La felicidad es una misma cosa por dentro, pero es un mundo al manifestarse hacia afuera. Quizá en algunas culturas la felicidad se expresaba haciendo sacrificios, y con el tiempo quizá felicidad en otra civilización significaba cantar canciones y bailar, y así podrá cambiar la forma de manifestar la felicidad, de cultura en cultura y de momento a momento, pero la felicidad por dentro es la misma serie de reacciones bioquímicas y se pueden presentar en ocasiones con más frecuencia que en otras e incluso ser inducidas bajo el influjo de sustancias, fármacos u otros. Es tan importante la felicidad interior, como su manifestación en el mundo de acuerdo a cómo hayas aprendido a manifestarla. Sólo tu conoces cuál fue la forma en que tus padres y tu medio te enseñaron a demostrar y manifestar tu felicidad, tu salud y el amor en este mundo. Por dentro no tengo duda de que las reacciones bioquímicas son similares en todos nosotros, pero recuerda a esas personas plenas y felices que alguna vez han llegado a tu vida y recuerda cómo era su manera de manifestarlo. Estoy seguro de que en esta vida también es necesario aprender a ser felices y que no todos aprendimos a serlo de la forma correcta. Ya está claro que la felicidad es la misma por dentro para todos, pero que hay una escuela de la felicidad a la que un día dejamos de asistir o bien no asistimos a la mejor escuela y sólo tuvimos una opción. Ser felices no es sólo la ausencia de tristeza; ser felices tampoco es estar en Paz, porque estar en paz significa no sentir nada, ni tristeza, ni emoción, ni alegría, ni euforia, sino estar en paz, es decir, no sentir absolutamente nada. Es contradictorio quieres Paz y Felicidad, porque la paz es la ausencia de todo sentimiento, pues si estamos tristes ya no estamos en paz, pero si estamos eufóricos o alegres, tampoco estamos en paz. Ser felices y aprender a serlo y a manifestarlo es el primer pilar para alcanzar un estado de gracia y una condición de felicidad. Podrás ser un zapatero cuando sepas qué es y qué hace un zapatero, pero también cuando sepas cómo lo hace y sobre todo, cuando hagas lo que él hace. Lo mismo ocurre con las personas felices y no hablo de las personas ricas o exitosas, ni siquiera hablo de las personas que tienen o no tienen problemas, sino de las que son felices. Y ahora vamos a hablar sobre cómo ser feliz…






¿CÓMO SER FELICES PERMANENTEMENTE?

Yo sé que has pensado que cuando tengas dinero serás feliz, sin embargo también sé que has sido feliz y que aún no tienes dinero; que te has prometido ser feliz cuando llegues a tu peso ideal y a tu figura ideal, pero sé que no has cambiado y a veces has sido feliz. También se que has experimentado momentos de éxito y abundancia, pero quizá es incluso cuando te sientes más solo, vacío y frío por dentro.

Yo no escribí sobre cómo ser millonario, ni cómo alcanzar el éxito o cómo liberarte de todos los problemas, sino sobre cómo ser felices bajo cualquier circunstancia.

Si piensas que la causa de tu infelicidad es por problemas del nivel más básico, entonces tu no tienes problemas, sólo tienes un pensamiento que te está robando la energía que puedes dedicar a tu felicidad.

No sacrifiques tu felicidad en nombre de tu ego, porque el ego no existe, porque tú lo has creado en tu mente para poder dar sentido a los acontecimientos de lo que llamamos vida. El ego nunca va a permitir que se le toque para ser modificado o juzgado y de inmediato se pondrá a la defensiva cuando sienta que está amenazado. El ego va a sacrificarlo todo, incluso la felicidad, antes de estar dispuesto a perecer. El ego está dispuesto a que perezcas tú, antes de perecer él: es literal, el ego va a dejar que tú pierdas literalmente la vida, que mueras de verdad, que dejes este mundo, literal que te borres de este mundo, antes que cambiar él. El simple hecho de que lo mencione pone sobre aviso a tu ego y puede ponerte incluso de malas tan solo por leer estas palabras. El ego es irreal, porque sólo existe en tí mientras estés vivo y morirá en cada uno cuando dejemos este mundo, por lo tanto es un error de programación en nosotros mismos. Lo único real es el alma, porque jamás se equivoca, no perece cuando nuestro cuerpo muere y proviene de algo más grande, pero el ego se apodera del cuerpo y no deja que el alma actúa. El alma es tan perfecta y sabia que es por eso que la última categoría de tribulaciones es la que de un solo rasguño al alma, puede descuadrar por completo a un ser humano y a veces de forma irreversible. El Ego dejará que eso pase antes de que tu lo dejes desaparecer y permitir que sea tu alma quien domine. El alma no puede tener miedo a nada, es imposible, el ego se siente amenazado por todo, por todos, por la economía, por el compañero de trabajo, por alguien más rico o atractivo, por alguien más joven o más experimentado, el ego tiene miedo de todo y cuando dejamos que él sea el que gobierne nuestra vida, perdemos la felicidad. El ego sólo responde a todo lo que lo nutra,a las adulaciones aunque sean falsas, a los placeres momentáneos, por eso creemos que a ratos somos felices, pero que la felicidad no puede ser permanente. El ego te ha metido en problemas al actuar, al abrir la boca o al quedar inmóvil ante situaciones en las que debiste actuar. El alma jamás va a equivocarse, su naturaleza no puede equivocarse. El ego pierde la dimensión y las proporciones de las cosas, te miente y se miente en sí mismo, en el ego no puede haber verdades porque el ego mismo es falso, es un constructo que se modifica a sí mismo a conveniencia. El ego te hace pensar que eres más p que eres menos que los demás: te hace pensar que es una ofensa esperar en un restaurante, te hace pensar que eres menos cuando no tienes el dinero que en la idea del ego ya es el suficiente; el ego es el que te hace defender un punto de vista por encima de una amistad, el que te hace defender un punto de vista que sabes que es ya insostenible. El ego te empuja a aparentar ante los demás que tu vida es envidiable cuando realmente te sientes vacío por dentro. El ego es el que nutre los problemas imaginarios (enemigo público número uno). El ego es capaz de provocar conflictos entre personas, familias y naciones. Le teme a lo que pueda modificar su ecosistema autoconstruido y ponga en riesgo todo su sistema de creencias.

Cuando se ha trastocado tu alma, por un instante se apodera de ti y deja al ego a un lado y viene la pregunta: ¿A partir de este momento cambiaré mi vida, o seré un ser humano deliberadamente malvado? Que en otras preguntas se traduce como la elección entre el alma y el ego.  No es una casualidad que las personas que han sufrido realmente, sean aquellas más tolerantes con los demás, los que siempre ponen la otra mejilla, los que se disculpan aunque no sea su culpa, los que comprenden más. Y no es una sorpresa que los que jamás han sido tocados en el alma y cuyos problemas más graves en la vida sean del tipo superficial, a menudo sean hostiles, no midan sus palabras y pasen por encima de quien deban pasar para dar satisfacción al ego; su mirada es altiva, sus palabras hirientes y sus actos son egoístas. Quien ahora está poseído y dominado por el ego, ahora puede estar sintiéndose agraviado por lo que digo, pero es normal y no es mi intención. Te recuerdo que se trata de cómo ser felices y es parte de lo que hay que escuchar.

Hay un principio fundamental en la recuperación de la felicidad: “No se puede herir a nadie, sin herirse a sí mismo” es un concepto que lleva su tiempo para comprender a profundidad y cuando finalmente se comprende, lleva su tiempo para ponerse en práctica. No se puede lastimar a nadie sin que nos lastimemos a nosotros mismos en el acto, ya sea que se trate de agresiones verbales, de calumnias, de agresiones físicas o cualquier forma de maltrato, creeme, siempre se paga un precio proporcional, si bien no es exacto (ojo por ojo), pero aunque el ego se empeñe en ocultarlo, no podemos herir a nadie sin lastimar nuestra propia persona. Seguiremos sufriendo en tanto no tengamos claro este concepto. Hablar mal de alguien, defraudarlo financieramente, despojarlo de sus pertenencias, humillarlo, sobajarlo, agredirlo físicamente, desearle mal, todo ello nos hiere por dentro y nos hace conservar un veneno que es contrario a la felicidad.

La buena noticia es que también funciona a la inversa “toda ayuda a la felicidad y sanación de otros, nos lleva a la sanación y a la felicidad propia”. Si hoy en día estás pasando por una tribulación, debes inmediatamente de ayudar, ayudar y ayudar… no necesariamente con dinero, una palabra de ayuda a una persona, un gesto amable, incluso una sonrisa a una persona desconocida puede cambiar todo su mundo: pocas cosas en la vida pueden tocar el alma de una persona… si vas a tocar el alma de una persona, mejor que sea para bien, porque no habrá forma de tocar su alma y dañarla, sin que dañes la tuya, pero no hay forma en la que acaricies y des consuelo a un alma, sin que acaricies y des consuelo a la tuya. Ayuda a más personas, ya sea con limosna, con ropa que ya no te sirva y que otros necesiten realmente, a personas que tienen hambre, pero también a personas que han sido tocadas en el alma y lastimadas (generalmente sólo una persona que ya ha sido tocada en su alma puede reconocer a otra que también fue herida a ese nivel)... así como sólo el que ha pasado hambre podrá entender al hambriento, o sólo el que ha conocido la enfermedad puede comprender al enfermo, así mismo en los niveles del alma ocurre, pero acariciar un alma es comenzar a sanar la tuya propia.

A riesgo de hacer que el ego se sienta provocado, diré que la infelicidad y el ego son dos corrientes que emanan de la misma fuente. Parte de la solución está en la reducción del ego sobre el dominio del cuerpo y el aumento del alma sobre nuestra conducción en la vida y para ello es de gran ayuda ayudar a los demás. He visto que algunas personas se graban en Internet mientras le dan mucho dinero a una persona que vende cosas en la calle, que se toma selfies mientras rescata cachorros en peligro y si bien sus acciones derivan en un bienestar para el cachorro o para la persona que recibe el dinero, en realidad es un acto no altruista, sino un acto que busca el reconocimiento público y un apetito por los reflectores y me temo que esos actos son provocados nuevamente por el ego. El ego no siente felicidad, siente satisfacción temporal e inmediata y es insaciable. El alma no necesita buscar felicidad, porque el alma es en sí misma felicidad y todos tenemos un alma que hemos minimizado a causa del dominio de nuestro ego. El ego se va a defender a toda costa haciéndonos creer que si lo abandonamos tenemos que renunciar a nuestros sueños y aspiraciones, que si renunciamos al ego, tenemos que renunciar a la comodidad, a la riqueza, a la diversión y a los bienes materiales y por supuesto que ningún ego está dispuesto a dejar caer todo aquello “por lo que tanto ha sufrido” pero sufrir es lo contrario a ser feliz y al ego le encanta sentir que ha sufrido por todo lo que ha obtenido. Al ego le fascina enojarse cuando alguien llega tarde a nuestra cita, le encanta ofenderse para que le rueguen y tardarse en perdonar, para que le sigan rogando y a eso se le llama “goce displacentero”, es decir que el ego siente cierto placer ante algunas dosis de sufrimiento, pero la felicidad y el sufrimiento son contrarios. Al ego le gusta pertenecer a comunidades de personas con padecimientos en común para hablar de lo mismo y nutrisse, porque si el ego está convencido de que eres infeliz, hará lo que sea para no estar equivocado, aunque luchar por mantener tu infelicidad sea lo último que haga y en lo que ponga más empeño.

Se dice que donde hay luz no puede haber sombra, pero la percepción errónea nos dicta que justo gracias a la luz se puede producir sombra y que por lo tanto donde hay luz, hay sombra, pero la realidad es que donde hay luz hay luz y donde hay sombra hay sombra y que jamás se mezclan aunque estén una junto a la otra. El ego es la sombra y el alma es la luz y donde esté una, no podrá estar la otra, aunque se encuentren lado al lado, pero jamás mezcladas. Así pasa con la felicidad y la tristeza.

Aprender a ser felices es recuperar la felicidad. La respuesta se encuentra en la renuncia al ego, en la comprensión de los niveles de problemas que nos afligen: los que aquejan al ego (todo), los que aquejan al cuerpo (enfermedades y padecimientos), los que aquejan a las emociones y los que trastocan al alma. Las causas pueden ser muchas en este mundo que se rige bajo la economía y el ritmo de vida exigente que nos pide tolerancia y convivencia en paz, al mismo tiempo que nos pide ser competitivos, a los malos hábitos de alimentación y sueño, a los pensamientos que nos acompañan todo el día y a la falta de limpieza e higiene mental y falta de meditación y reprogramación de nuestros pensamientos, pero principalmente al dominio que tiene nuestro ego sobre nuestro cuerpo y al poco equilibrio entre él y nuestra Alma que es quien tiene siempre la razón y la respuesta a cada cosa, es el remedio al temor y al miedo, es la respuesta y la corrección al error y la contradicción interna que se construye en nuestros egos.

Convive con personas con un mayor equilibrio y mayor presencia de su alma en su vida y evita a las personas que están dominadas por el ego, porque esas personas viven con miedo y cometen atrocidades en sus propias vidas y en la vida de los demás y cuanto más grande sea el ego, las reacciones pueden ser más violentas. Comprende bien lo que es la felicidad y lo que es la Paz, porque donde hay felicidad no hay Paz y donde hay Paz no hay felicidad pero comienza por encontrar paz, para que puedas saber hacia dónde se dirige la felicidad, aunque al dejar que tu alma se apodere más de ti y renuncies al ego, descubrirás que el alma siempre es la que sabe qué hacer. El alma no va a morir aunque tu cuerpo deje de vivir, a diferencia del ego que morirá cuando tu mueras. El alma es tu mejor brújula y el ego es tu peor enemigo, porque preferiría verte muerto antes que desaparecer. Renunciar al ego no tiene que ver con renunciar a vivir bien, pero él hará lo posible por hacerte pensar lo opuesto. Tu no eres tu ego, por extraño que parezca, ya que puedes cambiarlo, suprimirlo, nutrirlo, modificarlo y seguir siendo tú… sólo el alma eres realmente tu, porque ya eras alma antes de llegar a este mundo y serás alma eternamente, ya que no hay ayer ni hoy, sólo hay aquí y ahora.

Esa es la verdadera forma de recuperar la felicidad, lo demás son placeres inmediatos que satisfacen al ego, pero que no serán duraderos: una televisión nueva, un nuevo amor, el cuerpo perfecto, un título académico colgando de tu pared, un viaje al extranjero, parecen ser una pequeña meta a la felicidad, pero sólo son soluciones momentáneas. Puedes recibir una buena cantidad de dinero y sentir alegría, pero al día siguiente la depresión regresará, porque la felicidad está justo dentro de ti, jamás la has perdido. El alma recupera su terreno cuando hacemos cosas por los demás, cuando meditamos y reflexionamos, cuando acariciamos el alma de otros. Tu no puedes acariciar un alma con tus manos de carne y hueso, sino con las manos de tu alma. Sólo un alma puede abrazar a otra, platicar con ella y encontrar consuelo y dar alegría a otra. El ego sólo puede admirar o sobajar a otro ego y siempre buscará imponerse ante otros egos con los que se encuentre y eso no puede ser felicidad, eso es prepotencia y soberbia. El alma no necesita demostrar ya nada, porque lo sabe todo y no hay un alma mejor que otra.

Espero que hayas encontrado en este artículo el principio de lo que estás buscando, la flecha que apunta hacia donde está la felicidad, pero es trabajo de cada quien seguir esa flecha y no la flecha contraria esperando encontrar lo que está dentro de ti.


Al Jaguar

miércoles, 14 de junio de 2017

¿Quién llega cuando tú llegas a un lugar?



A pesar de que el título de esta entrada puede resultar confuso, se trata de una pregunta que tiene mucho sentido. Nuestra forma de conducirnos en la vida tiene un impacto en las demás personas y por mencionar sólo algunas, podemos hablar de las personas con las que convivimos en el trabajo, con nuestros amigos, pero sobre todo con las personas con las que convivimos en casa.





¿Quién llega realmente a un lugar, cada vez que tú llegas? La respuesta a esta inusual pregunta tiene que ver con la forma en la que nos perciben las personas y lo explicaré con más detalle a continuación:

En una situación hipotética, imagina que sales de tu trabajo a las 20:00 horas todos los días y para llegar a tu casa te tardas aproximadamente 40 minutos, así que tu esposo o esposa, tus hijos, tus padres o las personas con las que vives ya saben cual es tu rutina y saben que estarás en casa, como todos los días a las 20:40hrs.




¿Pero qué tiene que ver todo eso con la pregunta que se ha planteado al inicio?

Ante el hecho de llegar a un lugar (que en este ejemplo es tu casa), ocurre que las personas que viven contigo (en este ejemplo), pueden reaccionar de dos formas principalmente: en el primer escenario tu esposo, esposa, hermanos o hijos, pueden esperar impacientes tu hora de llegada, ya que tu forma de ser genera en ellos una sensación de confianza, de amabilidad y de cariño. En este escenario tus hijos (especialmente los más jóvenes), preguntarán ansiosos por tu hora de llegada y quizá hasta puedan esperarte despiertos para recibirte de una forma amena y ferviente. A tu llegada, se genera un ambiente de calidez y las personas tienen la sensación de que ante tu presencia todo va a estar bien, sin mencionar las interminables pláticas que hacen que el tiempo vuele. En el segundo escenario, las personas que te esperan en casa experimentan una sensación de ansiedad y no desean mirar el reloj, pues cerca de las 20:40 horas llegará "El ogro de la casa" (o la malvada del cuento) por decir lo menos. En este escenario, los hijos guardan silencio y esperan las reprimendas usuales, las quejas constantes y la imposición de un monólogo repetitivo que no cambia el discurso negativo. En algunos casos, cuando llega "el ogro de la casa", todos guardan silencio y discretamente (o deliberadamente) todos se encierran en sus habitaciones para evitar la convivencia.




Es verdad que la convivencia con otras personas puede ser complicada y que el ambiente no sólo depende de una sola persona, pero vale la pena echar un vistazo a más de uno de los sitios a los que llegamos habitualmente, porque podría tratarse del caso en el que, efectivamente, somos nosotros los que estamos haciendo "algo" que se repite en diferentes ámbitos de nuestra vida: el trabajo, la familia, las amistades, los vecinos de casa, una fila en el supermercado o cualquier momento en el que nosotros llegamos.




Ocasionalmente vale la pena formularse la pregunta: ¿Quién llega realmente cuando tú llegas a un sitio? "La bruja" de la casa, "El Ogro", o aquella persona que es capaz de transformar un ambiente tenso en un ambiente agradable y de confianza.

Ser solteros o vivir solos no nos excluye de esta interrogante, pues en general desempeñamos papeles que nos exigen la convivencia con otras personas: profesores, médicos, gerentes, vendedores secretarias, administrativos, etc. 

La pregunta está en el aire y es bastante simple, pero la respuesta será única y compleja en cada uno de nosotros. Queda aquí una formal invitación a reflexionar en tu propia respuesta y espero que una vez que haya sido respondida, en silencio y con sinceridad, nuevas preguntas surjan en tu mente para fortalecer los aspectos positivos y cambiar aquellos que no están contribuyendo mucho en tus relaciones interpersonales en el trabajo, en tu familia y en cualquier lugar al que deseas llegar.

viernes, 18 de noviembre de 2016

ESPECIAL: DE DÓNDE Y CÓMO OBTENER PROSPERIDAD

LA PROSPERIDAD Y LA ABUNDANCIA TIENEN UN ORIGEN Y UNA CIENCIA, Y ESTARÁN CON TODO AQUEL QUE COMPRENDA Y APLIQUE EL VERDADERO MENSAJE DE ESTA CHARLA.


Una persona a la que estimo mucho, compartió conmigo un concepto que merece la pena compartir. En verdad he intentado organizar las ideas de tal forma que finalmente el mensaje sea claro y que transmita a todos ustedes el verdadero sentido de cada una de las palabras.

Este concepto se refiere a la abundancia que cada uno de nosotros posee y el por qué dicha abundancia ha prosperado, o bien por qué ha disminuido. Quiero aclarar que la riqueza (o abundancia) de la que aquí les escribo, se refiere a bienes materiales, que muchas veces son aquellos que mayor interés generan en nosotros, pero también a las circunstancias profesionales, familiares y en general sociales en las que la vida nos sitúa; se tata de riqueza y abundancia en cuanto a que es todo aquello que la vida nos otorga.

Un día, uno de los que considero mis mentores, me compartió un mensaje que me hizo comprender muchas de mis circunstancias y sus resultados o “consecuencias” en mi propia vida y la de muchas personas que como yo,  buscan la prosperidad en muchos sentidos.

Durante la charla de ese día, yo hablaba sobre mis circunstancias generales: expresaba con desagrado algunos descontentos respecto a mi antiguo trabajo, algunas limitaciones financieras y algunas circunstancias personales que no me agradaban y que de forma poco reflexiva llamaba “malas”. Después de un momento de desahogo, mi amigo y mentor me respondió lo siguiente:


Si realmente piensas que te encuentras en tu estado actual por falta de recursos, creo que no has adquirido el enfoque correcto y que no has reflexionado sobre desde la perspectiva adecuada

Como muchas personas, yo esperaba que me brindara un poco más de apoyo en mi desahogo, pero en lugar de ello se dispuso a llevarme la contra (cosa que hoy agradezco) diciéndome que “no era a causa de las circunstancias el que yo asumiera un pensamiento y una actitud así, sino que era precisamente por actuar y pensar de determinada manera, que mis circunstancias eran justamente esas que tenía”. En ese entonces ya se comenzaba a escuchar el concepto del pensamiento positivo, por lo que pensé que me hablaría con base en ese discurso, sin embargo el nivel de profundidad por el que fue disertando me sorprendió enormemente:

Muchas personas a las que he escuchado aseguran que gracias a diferentes carencias económicas y/o materiales no pueden alcanzar el nivel de vida que desean. A menudo la gente dice que si tuviera un mejor coche, una casa más grande, un mejor empleo, sus circunstancias mejorarían y que en consecuencia podrían pensar y actuar; en pocas palabras: ¡Vivir mejor! Sin embargo pocos han comprendido que es justamente lo contrario y que a partir de “vivir mejor” con lo que ya se tiene resulta ser la forma irrefutable por excelencia de atraer a la prosperidad.

Sinceramente no me sonaba lógico y me seguía pareciendo un mero concepto de pensamiento positivo, el cual no habría estado nada mal, pues finalmente también constituye una base del bienestar, pero yo no consideraba coherente que con el simple hecho de estar bien con lo que ya se tenía, se podía aspirar a algún tipo de prosperidad y abundancia en algún nivel superior; por el contrario, hasta cierto punto me sonaba a estar simplemente conforme con la vida. El Mentor respondió:

Estar conforme con la vida es una idea que poco a poco ha perdido su virtud e incluso parece sugerir una conducta negativa de conformismo, sin embargo es importante aclarar que se trata de dos ideas diferentes, ya que ser conformista involucra el descuido, la ingratitud y el desprecio por los bienes y circunstancias que ya tenemos, mientras que estar conforme con lo que la vida otorga, tiene que ver con el respeto, el cuidado y el correcto uso y dedicación hacia tales bienes. Curiosamente, las personas desprecian y descuidan aquellos bienes que ya poseen, pensando que así se alejan de una actitud conformista y que si, por el contrario, dedicaran más cuidado y respeto a aquello que ya poseen, estarían aceptando que las circunstancias son así y que al aceptarlas ya no han de cambiar.



Yo le respondí que a veces tenía la sensación de que si comenzaba a ver con agrado ciertas situaciones; si no hacía lo posible por salir de ellas cuanto antes, sentía que las estaba aceptando y que eso provocaría una mayor dificultad para mejorar mis circunstancias y por supuesto “¡Yo no quería ser conformista!”. A ello mi mentor respondió:

“Lo que me describes es la conducta habitual que asumimos, sin embargo no resulta ser la más acertada. No pretendo decir que no se debe aspirar a mejores condiciones generales en nuestra vida, o bien a simplemente aceptar con tristeza lo que uno tiene y lo que uno hace, sino es precisamente lo contrario

Después de escuchar eso sí que estaba confundido ¿Entonces acepto o no acepto lo que tengo? ¿Y si lo acepto cómo espero cambiarlo para mejorar en el futuro? El concepto comenzaba a ser cada vez menos claro, pero mi Mentor prosiguió:


En principio es necesario un ingrediente importante para nuestras vidas: la Gratitud, ya que es uno de los sentimientos que atraen la dicha y la prosperidad. ; incluso si recibieras lo que tan anheladamente buscas, no podrías experimentar una sensación de plenitud y felicidad si careces de la capacidad de sentir Gratitud; después es conveniente aceptar las circunstancias actuales con agrado. Las personas suelen pensar que Aceptar las circunstancias, y Aspirar a un cambio son dos conceptos que no pueden coexistir, pero si lo pensamos con calma y con responsabilidad, aceptar con agrado lo que ya posees, sin dejar tus aspiraciones a un lado, son el principio básico que hay que comprender para que yo pueda compartir contigo el verdadero mensaje”.

Ya comenzaba a entender el concepto y aún no llegábamos al punto; al verdadero mensaje que mi maestro y mentor quería compartir conmigo. Estaba impaciente por ver a dónde llegaba todo esto:

Si me has comprendido bien, si te has permitido escuchar en el verdadero significado de las palabras, habrás comprendido la idea de que que las personas parten de un sistema que puede no ser el mejor: algunas de ellas no aceptan el empleo que tienen, la pareja que tienen, el auto que poseen y ante este principio de no aceptación ocurren dos cosas: la primera es que manifiestan un desprecio constante hacia todo aquello que no es como lo que ellos desean que sea y la segunda, que me parece particularmente importante, es que las personas tienden a descuidar dichas circunstancias de forma importante: un estudiante de preparatoria (high school) no presta suficiente atención a sus materias pues según él, el esfuerzo merece hasta llegar a la universidad en “donde la escuela sí importa”; otros no sienten responsabilidad alguna para con sus empleos, pues no es el empleo de sus sueños y por tanto “no merece la pena desarrollarlo de la forma en que saben que podrían llevarlo a cabo si así lo quisieran” y prefieren esperar a encontrarse en aquel empleo de sus sueños para entonces estar dispuestos a dar lo mejor de sí. Así podríamos citar muchos ejemplos, pero la situación es la misma: el desprecio y el descuido hacia lo que poseemos aquí y ahora.


A pesar de que aún no sabía cuál era el magnífico mensaje al que iba a llegar, sentía que empezaba a comprender cuando menos la primera idea. Tuve que reconocer para mis adentros que en más de una ocasión me había comportado de ese preciso modo ante circunstancias que no consideraba iguales o al menos similares a aquellas con las que sí soñaba tener un día.

Una vez que las personas han superado la primera fase, que es aquella en la que se logra comprender y se asume la certeza de que en la vida también es importante ser agradecido y se asume una conducta de cuidado, aceptación y respeto ante lo que se tiene y ante lo que se hace, es cuando se puede acceder al verdadero mensaje, que es el que hoy quiero compartir contigo.

Era innegable que muchas veces había menospreciado mucho de lo que poseía, por la simple razón de que “aspiraba a algo mejor”, por lo que era momento de poner atención y desprenderme de algunos viejos conceptos con los que había vivido sin saberlo.


Las personas aspiran a contar con mejores condiciones de vida: mejor salario, mejor puesto de trabajo, mejor casa, mejor auto, etc. Pero desprecian y descuidan lo que ya poseen, incluso si lo que poseen ahora es algo que no poseían, pero que deseaban en una circunstancia previa, sin enterarse de que al hacerlo, alejan con ello las posibilidades de que esa abundancia y prosperidad tan anheladas lleguen finalmente a sus vidas. Si lo vemos en un sentido práctico, es poco probable que el empleado, cuya conducta es más bien descuidada y poco comprometida, llegue a ser candidato para aspirar a aquel cargo que sí desea tener. Probablemente sus superiores ya se han percatado de que su conducta, sus comentarios dentro del trabajo y sus resultados no corresponden a los que se necesitan en el perfil de la persona requerida para ocupar un puesto superior y a veces ni siquiera otorga su voluntad y cuidado suficientes para el puesto que ya está ocupando.

Yo podía entender eso y en realidad no me parecía nada que no hubiera ya pensado antes: “si te esfuerzas en tu trabajo, probablemente te puedan tomar en cuenta para obtener un ascenso”. A decir verdad no comprendía en dónde estaba la relevancia de sus palabras, pero no podía negar que ya hacer consciente este concepto era algo favorable, además eso estaba bien para cuando uno quisiera un mejor puesto de trabajo, porque había alguien que podía observar tu desempeño y darte un reconocimiento por tu esfuerzo, pero no funcionaba igual cuando uno quería comprar una mejor casa o un mejor coche: no iba a aparecer nadie a premiarme sólo por aceptar con agrado y gratitud la casa y el coche que ya tenía. Luego de comentarle eso, simplemente prosiguió:



Ahora que lo has mencionado, podemos hablar de la siguiente parte de este concepto. Tú y muchas personas asumen que el cuidado, la aceptación y el respeto hacia las circunstancias actuales de cada uno, no siempre serán evaluadas y que por tanto no se va a promover ningún tipo de cambio (crecimiento o prosperidad), salvo aquellos casos en los que se es evaluado y alguien puede darnos un “ascenso” como ocurre dentro de un empleo. Lo anterior es un enfoque que se puede asumir y que de hecho muchas personas asumen cada día y con el que conducen buena parte de sus vidas y por supuesto que están en todo su derecho individual, sin embargo existe otra alternativa, la cual puedes asumir o no, pero antes deberás al menos conocerla, pero sobre todo comprenderla:

Aceptar con agrado y dedicarse a cuidar lo que se posee no es en sí una finalidad, sino el primer paso para adquirir la verdadera prosperidad, pero muchas personas no han comprendido este concepto, debido a que consideran este acto como una conducta de conformismo y simplemente prefieren no entregarse con agrado, ni cuidar de lo que ya poseen en la actualidad. Creo que esto ya ha quedado claro en nuestra charla y ahora puedo hablarte de lo siguiente:

Aceptar con agrado y dedicarse con cuidado a nuestras circunstancias actuales, no sólo hace la vida más agradable, sino que nos sirve como una práctica que nos anticipa y nos prepara para cuando aquellas circunstancias mejoren: si estás listo para trabajar en perfecto dominio, y naturalidad con diez empleados a tu cargo, entonces estás listo para tener cincuenta personas bajo tu liderazgo y administración; si ya eres capaz de mantener tu auto modesto en buenas condiciones estéticas y mecánicas, no por poder limpiarlo y arreglarlo en sí, sino por poder hacerlo en forma natural, con agrado y casi de forma automática, como algo que ya es parte de tus hábitos más naturales, entonces le estás diciendo a la Vida (al Universo o como te resulte más cómodo llamarle) y que además es nuestra gran evaluadora permanente, que ya estás listo para recibir en tu vida el auto deportivo o lujoso que deseas, o el nuevo y mejor empleo, o la casa de tus sueños, o lo que sea que tengas en mente como prosperidad y abundancia, o en otras palabras, “las nuevas mejores circunstancias”. Quizá no exactamente las que deseas, pero si en un nivel más alto que el actual o quizá incluso mejores y no volverán a mejorar ni a subir de nivel en tanto que no vuelvas a repetir el proceso y dominar de forma natural y con agrado las nuevas circunstancias que ahora tienes, sin embargo, de no hacerlo, sí podrás perder todo aquello que no estás listo para manejar.

En principio entendía el concepto, pero no estaba seguro de haberlo comprendido correctamente; no sabía si lo estaba entendiendo adecuadamente, así que le pedí que me explicara a qué se refería con que la Vida y el Universo eran ese “gran evaluador” que nos otorgaba ese “simbólico ascenso” traducido como nuevas y mejores circunstancias en la vida, o dicho en otras palabras: ¡Prosperidad!



La Vida te evalúa en todo momento y observa tu conducta ante las circunstancias: La Vida sabe que tus aspiraciones a la prosperidad son constantes y que realmente se trata de algo que deseas, sin embargo puedes asumir la actitud de una persona que además de no estar agradecida con lo que posee, también se conduce con desprecio y descuido para tales circunstancias vigentes; es un síntoma que refleja el que aún no estés listo para subir a un siguiente nivel de prosperidad, y por supuesto no estás listo para recibir el verdadero mensaje. Por ponerlo en otras palabras, te pediré que imagines que un día tu y yo nos encontramos en el supermercado y te percatas de que yo me encuentro repleto de bolsas con mercancía y al verme ante tal situación, decides acercarte a mí para ayudarme a llevar las bolsas hasta mi auto en el estacionamiento del supermercado, de tal modo que te agradezco la ayuda y te doy un par de bolsas en cada mano para que me ayudes. Cuando tomas las bolsas te sientes bien al principio, porque deseas ayudarme y porque la carga no te parece excesiva y me pides que te de dos bolsas más; así yo te doy las dos bolsas extra y comenzamos a caminar hacia el automóvil. Al caminar juntos hacia el auto, me percato de que las seis bolsas te resultan demasiado pesadas y algo incómodas y observo en tu rostro una mueca de desagrado y arrepentimiento por haberte ofrecido a ayudarme. Mi primera reacción sería desahogar esa carga que te resulta tan pesada, ya que no me agradaría verte en aprietos ni por un momento, por lo que te pido que me devuelvas una de las bolsas. Ahora sólo llevas cinco bolsas, sin embargo aún me percato de que te cuesta trabajo cumplir con dicha tarea y, como he dicho antes, mi intención no es provocar ningún fastidio, así que nuevamente te pido que me devuelvas otra de las bolsas. Esta vez te niegas a devolvérmela, te aferras a llevarla a pesar de las dificultades que te acarrea, pero las quejas y las muecas no cesan de tu parte, por lo que vuelvo a insistir al mismo tiempo que retiro de tu mano la quinta bolsa con la mercancía. Ahora llevas cuatro bolsas, y quizá ahora no te resultan demasiado pesadas, simplemente vas enfadado, lo que me hace sentir muy incómodo y arrepentido por haberte asignado esa tarea.


Pues bien, ahora imagina que yo no era realmente yo, sino que yo era La Vida y que las bolsas no eran bolsas del supermercado llenas de mercancía, sino las circunstancias las que tenemos cargar cada día; algunas de esas “bolsas” son más ligeras y otras más pesadas, ya que están llenas de todo aquello que acompaña a las circunstancias de la vida cotidiana, pero debemos llevarlas con nosotros durante un determinado trayecto.
A veces La Vida, o el Universo (como quieras llamarle) nos observa para saber si somos capaces de llevar las circunstancias de forma correcta y además llevarlas con agrado, pues la intención de La vida es procurar más vida, bienestar, felicidad en lugar de fatiga, tristeza y por sobre todo, riesgos a la integridad mediante circunstancias mayores a aquello que podemos soportar.”

A pesar de tratarse de un ejemplo muy simple, me había llegado de una forma profunda, pues comencé a recordar diferentes ocasiones en las que la vida me había otorgado grandes oportunidades, pero de alguna forma me resultaban agobiantes o simplemente me era más cómodo optar por una actitud de desagrado y posteriormente de descuido por aquello que se me había otorgado y por alguna razón que no comprendía o que trataba de explicar con todo tipo de excusas, sinceramente terminaba por perder aquellas oportunidades que se me habían otorgado. ¿Pero sólo basta con recibir con agrado y cuidar de las cosas que ya poseemos?

En principio es el primer paso, sin embargo ya hemos tocado el verdadero mensaje que hoy quería compartirte: “Todo lo que podamos manejar en la vida, lo vamos a conservar, pero perderemos todo aquello que no podamos manejar”.

Ya había comprendido el primer punto,, a pesar de que podía comprenderlas las palabras, sentía que necesitaba escuchar más al respecto.

Cuando comenzamos esta charla, te he dicho que no es por las circunstancias que las personas se encuentran en cierta actitud, sino que es la actitud la que ha puesto a cada uno de nosotros en dichas circunstancias. Siempre escucho a las personas decir que no tienen una mejor casa, un mejor empleo, un mejor auto, que no tienen dinero, pero si lo tuvieram, podrían tener todo eso y entonces sí sentirían más dedicación por lo que hacen y por lo que poseen.



Imaginemos que un día, al escucharte quejar de todas tus carencias, termino por darte las llaves de una hermosa mansión, de esas que tienen una gran extensión de terrano y que para llegar al ingreso, es necesario rodear una hermosa fuente en el jardín frontal, como las que se ven en la televisión: esta mansión está completamente amueblada, con los mejores productos y tiene una alberca grande en el jardín posterior y treinta habitaciones amuebladas con su propio baño y vestidor, además de dos salones y dos comedores lujosos, con mesas largas para sesenta comensales, candelabros por todos lados y 15 personas dedicadas al servicio doméstico.




Además te regalaría también un lujoso auto deportivo, de doce cilindros de esos italianos por excelencia. ¡Son tuyos, te los regalo por que he escuchado que si no los tienes es porque no puedes pagarlos! Pues bien, ahora son tuyos sin pagar un sólo centavo y completamente gratis.



Después de dártelos, me retiro inmediatamente y no he de regresar a visitarte sino hasta después de dos o tres años, pero al regresar, me doy cuenta de que la casa está en condiciones deplorables: le hace falta pintura y la humedad ha comenzado a hacer estragos; ya se filtran las goteras desde el techo, por la falta de impermeabilizante, la mayoría de las bombillas de luz ya no encienden y no han sido sustituidas además las habitaciones ya están cubiertas por el polvo y cerradas con llave, ya que el personal de limpieza se ha marchado. El jardín está seco de algunas partes y de otras la hierba ha crecido demasiado, ya es imposible caminar por ese lado. La fuente está seca y agrietada, los candiles ya no brillas y se han tornado opacos. Cuando voy a la cochera a ver el auto deportivo, observo que tiene varios golpes y rayones ligeros, pero que en total hacen que el auto no se vea como antes; los neumáticos están desinflados y uno de los rines se ha roto. Al encender el vehículo, escucho que el motor requiere de servicio urgente y por si fuera poco, uno de los espejos laterales se ha roto. Cuando finalmente entro a la casa y me doy cuenta de que sólo mantienes en funcionamiento una parte de la misma, por cierto, una parte muy similar al tamaño de casa en la que actualmente vives; es como si hubieras generado una pequeña casa adentro de la gran casa: una casa del tamaño que puedes controlar y manejar con relativa naturalidad. Así que al entrar me acerco a ti, te noto estresado y agobiado por las condiciones en las que tienes el auto y la casa y antes de que yo te pida explicaciones me cuentas todo: me explicas que tuviste que despedir a todo el personal, ya que la suma del salario mensual de los diez empleados resultaba incosteable para tí, que los focos o bombillas de luz eran en total 500 y no podías sustituirlos todos, además usarlos generaría una factura impagable de electricidad; tampoco te era posible impermeabilizar los más de 400m2 de superficie en el techo, por lo que las goteras habían comenzado a entrar en la casa, sin contar con los cientos de litros de pintura necesarios para pintar la casa sólo por fuera.


También decidiste clausurar la mayoría de las habitaciones, ya que la caldera que calienta el agua para cada habitación consumía una cantidad de gas estratosférica, y qué decir de los candiles que requerían un mantenimiento especial para mantener su brillo, por no mencionar lo difícil que era acceder hasta la parte más alta del techo en donde se encontraban. Sobre el carro me comentas que se trata de un vehículo de doce cilindros y que la gasolina no rendía nada, además cuando intentaste reparar los rayones y golpes te hicieron un presupuesto basado en el modelo del auto que no era nada barato. Un sólo neumático para ese coche costaba lo que podía costar lo de un coche pequeño de segunda mano, lo mismo que con el rin y el espejo lateral. El servicio para ese tipo de vehículos sólo se puede hacer en agencias especializadas y con un costo mucho muy superior al de un coche más convencional. Finalmente has tomado tu antiguo coche y sólo has ocupado la porción de la casa que realmente podías manejar.

Creo que siempre había deseado cosas como esa, pero jamás me había concentrado en los detalles de lo que ello implica. Había comprendido aquello de poseer con agrado y cuidar bien de lo que tenía, pero nunca lo había pensado a ese nivel de detalle y en una escala superior a la que yo manejo habitualmente. ¿Pero entonces qué se puede hacer al respecto, si a veces las circunstancias superan aquello que estás acostumbrado a manejar?

“Justamente es el comienzo: ser agradecido y cuidar lo que ya se tiene en la actualidad: el trabajo, la pareja, el dinero, la casa, el coche, la salud y absolutamente todo, incluso aquello denominado “malo”. La vida es un gran evaluador, pero no es en todos los casos para juzgarnos, sino también se percata de aquellos momentos en los que ya hemos aprendido a poseer con dominio natural y agrado aquello que tenemos, y es en ese momento en que las nuevas circunstancias se van a presentar ante tí: un ascenso inesperado, una oportunidad de negocios, nuevos mentores, una casa nueva, etc. Pero cuando se presentan las nuevas circunstancias, el aprendizaje comienza de nuevo y nuevamente somos observados y es preciso tenerlo en cuenta, ya que cuando la vida se percata de que nuevamente nos ha causado agobio y que no somos capaces de manejar nuestras nuevas circunstancias con cuidado, naturalidad y agrado, la vida misma se encarga de salvarnos de nosotros mismos. Si observamos las condiciones en que mantenemos lo que hoy poseemos y luego pensamos en aquello que anhelamos, percibiremos una cierta distancia, la distancia que hay entre las condiciones en las que manejamos las cosas que poseemos en la actualidad y las circunstancias y condición a las que queremos llegar y en la medida en que exista una mayor distancia, es la medida en que somos evaluados y es así como podemos intuir qué tan lejos o qué tan cerca estamos de recibirlo por parte de La Vida y si podremos manejarlo o no.



Imagina que tienes dos hijos pequeños, de aproximadamente 10 años y en una tarde de domingo, uno de ellos se acerca a tí y te pidiera $20 pesos (1 dólar) y al dárselo se acerca tu segundo hijo y de igual forma te pide otros $20 y se los das tabién, pero luego de unas horas, ambos vuelven a buscarte para pedirte $20 más cada uno y antes de dárselos les preguntas qué hicieron con el dinero anterior, el primero te responde que con ese dinero ha comprado dulces y ha salido a vender a otros niños, así ha recuperado sus $20 pesos más otros $20 de ganancia. A ese hijo tuyo quizá ya no le darías $20, sino $100 (5 dólares aprox), pues si ha sido capaz de convertir $20 en $40, lo más seguro es que podrá convertir $100 en $200.



Luego llega tu segundo hijo y también te pide $20 pesos, pero al preguntarle qué ha hecho con el el dinero que le has dado previamente, te responde que con ese dinero ha comprado un montón de dulces, pero que se los ha comido todos; quizá pensarás que si con $20 pesos puede provocarse una buena caries en los dientes, no sólo le negarás otros $20, sino que con $100 o más quizá hasta se convierta en diabético, pero es tu deber evaluar y evitar que tus hijos se infrinjan algún daño a partir de los recursos que les proporcionas. Pues bien, ahora imagina que tú no eras realmente tú, sino La Vida y que tu eres uno de esos dos niños, y le pides a la vida que te de más de lo que ahora tienes. Comprenderás que es el deber de La Vida el preservar tu bienestar.”

Finalmente mi mentor había tocado el punto central de la plática. Ahora comprendía por qué la actitud de agrado y cuidado son importantes para alcanzar la naturalidad en el dominio, control y cuidado de lo que poseemos y que esa gran evaluadora que nos da o a veces nos priva de ciertas circunstancias, se mantenía en una observación constante, ya que simplemente estamos destinados a perder todo aquello que no podamos manejar: pensé en muchas personas que conozco que habían obtenido puestos laborales que estaban por encima de sus capacidades reales y que finalmente eran “expulsados” o despedidos debido a los malos resultados; amigos que adquirían vehículos más lujosos y costosos de lo que podían mantener y terminaban vendiéndolos o bien los autos comenzaban a deteriorarse sin que el dueño pudiera solventar los gastos; amigos que debido a sus malos hábitos consumían productos y sustancias nocivas y al obtener un aumento en sus ingresos moetarios, incrementaban el consumo de dichos productos poniendo y terminaban por perder su salud. Todo resultaba más claro y sin importar el ejemplo que viniera a mi mente, la conclusión era siempre la misma: estamos destinados a perder aquello que no podamos manejar. ¿Pero entonces es así como las cosas terminan? ¿Sólo es un asunto de saber hasta dónde están nuestras posibilidades y vivir ante ellas con agrado?

Como dije antes, la idea del agrado y el cuidado a lo que tenemos era sólo el principio para poder compartir contigo el segundo concepto que resulta más interesante y por supuesto de mayor utilidad, pues se trata nada más y nada menos que de saber que seremos poseedores de aquello que nuestras capacidades nos permitan y es en efecto una ley universal el hecho de que todo lo que no podamos manejar se nos irá de entre las manos una y otra vez, sin embargo es ahí en donde radica el verdadero mensaje, ya que al comprender este principio, también se es consciente de que al ser capaces de manejar con naturalidad determinadas circunstancias, éstas vendrán a nosotros irremediablemente:



Si a una persona acostumbrada a manejar grandes cantidades de dinero, grandes responsabilidades laborales, acostumbrado a las mansiones enormes y los vehículos deportivos italianos de lujo y a la conducta, pensamientos y responsabilidad que ello implica, un día alguien le despojara de absolutamente todo (tan espontáneamente como en el caso en el que alguien te regaló una mansión y un auto) y llevara a esa persona a vivir debajo de un puente y en condiciones de indigencia, sencillamente al cabo de un par de años al regresar a buscar a esa persona al mismo puente donde fue dejado, ya no lo encontraríamos ahí y seguramente ya habría encontrado la forma de recuperar buena parte de todo lo que tenía, quizá más, quizá menos, pero definitivamente en vías de una pronta recuperación de sus bienes materiales, ya que es parte natural de las cosas que él puede manejar y por ende La Vida no dudará en proporcionarle las circunstancias que para él son las más naturales y habituales. Al comenzar esta charla comenté que no era a causa de las circunstancias que nuestra actitud era una, sino que era a partir de una actitud determinada que nuestras circunstancias eran justamente esas, ya que son el resultado de lo que para nosotros es cómodo y habitual tener: para muchos es de lo más habitual vivir al día y no es de sorprenderse que si llegaran a tener más, lo perderían hasta volver a su situación habitual, a  aquella situación en la que se sienten cómodos.

El punto estaba claro y era contundente. Hasta la fecha, cada vez que me pongo a observar mi propia situación o la de alguien más, a pesar de todas las teorías que existen en este mundo, concluyo en que simplemente tenemos y volvemos a aquello que nos resulta cómodo y familiar: a aquello que podemos manejar con normalidad. La normalidad, los hábitos y costumbres y lo que tenemos programado en la mente desde que somos muy pequeños, son estructuras difíciles de romper y eliminar de nuestro interior, sin embargo no es imposible y existen las técnicas adecuadas para ello, pero mi mentor tenía aún más que decirme a pesar de que en mi mente surgían más nuevas preguntas.

“Esta ley de abundancia y prosperidad se va a cumplir en todo momento, aunque ante algunas filosofías sea más evidente que ante otras. Algunas de ellas explican que obtendremos lo que merecemos a partir, no de nuestra capacidad de manejarlo o no, sino de nuestras buenas acciones dentro de un sistema de premios y castigos: si eres bueno te ira bien y si eres malo te va a ir mal. Esta es una charla que tiene mucho sentido y es en definitiva un tema del que también quisiera hablarte más adelante. Por ahora sólo me limitaré a decir que en un inicio, la vida sí te va a proporcionar las circunstancias que puedas manejar y que en efecto, te va a arrebatar aquellas circunstancias que no puedas y especialmente aquellas que te pongan en cierto peligro o sufrimiento y que sencillamente son mucho más de lo que puedes soportar, pero que no debe caber la menor duda de que La Vida va a actuar:



La Vida está hecha para salvaguardarse, para generar más vida y más abundancia y es por ello que no va a otorgarnos situaciones que nos pongan en riesgo. Quizá ahora mismo pienses en situaciones llamadas “malas” como la enfermedad y la pobreza extrema, pero eso corresponde a otro concepto del que ya hablaremos, pero del que podemos anticipar una cosa: no es algo “malo”, sino algo que no hemos comprendido aún, pero hay una forma de comprenderlo. Sin embargo, volviendo al tema, La Vida es esa fuerza que llena todos los espacios y está en expansión y dinamismo constante. Si tuviera que expresarlo en palabras muy simples, nuestras capacidades equivalen a un recipiente contenedor en el que La Vida vierte todas aquellas circunstancias profesionales, personales, económicas, etc. Imagina que estamos formados en una larga fila con nuestro recipiente extendido sujetado con nuestras manos al frente; estamos formados esperando a que la vida pase nuevamente y vierta dentro de nuestro recipiente aquel líquido que contiene la prosperidad. Algunos tienen recipientes pequeños que no llegan ni a medio litro, en tanto que otros tienen recipientes que son capaces de contener de forma natural un litro exacto de ese líquido. Otros tienen grandes baldes que almacenan quince litros, veinte, cincuenta, cien, setecientos litros. Así la vida pasa a menudo frente a cada uno de nosotros para evaluar qué tan agradecidos estamos con el recipiente que sujetamos actualmente, si nos parece demasiado pesado o si nos sentimos cómodos y podemos sujetarlo de forma natural, o bien reprochamos sobre su peso y dimensiones, o bien presentamos dificultdes para sujetarlo y al hacerlo a duras penas, derramamos ese líquido que a la vida no le gusta que se desperdicie en derramamientos causados por la poca pericia de quien sujeta el recipiente. Si La Vida se percatara de que somos poco competentes para cuidar y mantener el recipiente que se nos ha otorgado, la vida se encargará de tomarlo de vuelta y proporcionarnos uno más pequeño y si aún así no podemos, nuevamente nos lo va a cambiar por uno tan pequeño como podamos manejarlo naturalmente, hasta que La Vida esté segura de que podremos manejarlo. Hay personas como “los diez hombres más ricos del mundo” grandes empresarios en actividades lícitas e ilícitas que simplemente han demostrado ser capaces de manejar con naturalidad enormes contenedores de cientos de miles de litros de ese “líquido” que la vida vierte hasta el borde, sin que se derrame. A la vida no le importa si tu actividad es lícita o no, sino el tamaño de tu recipiente y tu capacidad para mantenerlo bajo control, sin derramar nada, de una forma cómoda y natural. La vida no está ahí para juzgar, ese no es su papel, sino el de llenarnos de acuerdo con nuestras capacidades. Serán otros agentes los que harán o no que recibamos posteriormente un resultado de acuerdo con nuestras actividades, pero como dije antes, es un tema del que hablaremos en otra ocasión. La Vida simplemente va a llenar nuestros recipientes sin cuestionarnos y sin emitir juicios de valores ni de ninguna otra naturaleza.


Ahora es tu decisión si adoptas el conocimiento que hoy, por una razón ha llegado a tí el día de hoy y no un minuto antes ni después. Pudiste no haber llegado hasta el final de la charla y eso habría demostrado que aún no era el momento en que podrías manejar este mensaje. Pero hoy lo has adquirido y ahora se trata de lo que tu decidas con base en tu capacidad y en el recipiente que hoy puedes manejar. La solución no está en las quejas, ni en el reproche o el desagrado y el descuido, sino en la práctica de cada día, en la práctica que te hace un maestro en el arte de cuidar y recibir con agrado lo que ya posees hoy en día, ya que estás en una evaluación constante. Tu actividad no será juzgada (al menos no por La Vida) sino tu capacidad para ser y comportarte ante el recipiente que posees. No eres tú, sino La Vida misma quien se encarga de sustituir tu recipiente cuando lo considera necesario. Muchos demuestran descuido y desagrado por el pequeño recipiente que ahora tienen, con el argumento de que no lo cuidan como es debido y lo derraman porque no consideran importante hacerlo, porque dicen estar esperando el recipiente grande, el que sí merece la pena ser cuidado y el que si merece una conducta de agradecimiento, pues “no son conformistas” y por ello no deben aceptar su condición actual. Ahora haz un análisis interior. No es a mí a quien debes responder, sino a tí mismo, en silencio, para llegar a tus propias conclusiones: cuál es el tamaño del recipiente que tienes actualmente, cuál es tu actitud ante él y cuál es la capacidad de almacenamiento del nuevo recipiente al que aspiras tener. Finalmente La Vida será tu gran evaluadora y sabrá mucho mejor que tú cuando es el momento y hacia qué nivel será el nuevo cambio.”

Esa charla con mi mentor se ha convertido en un concepto que llevo conmigo cada día. Al observar mis resultados en una tarea, ante un compromiso o al vivir mi vida dentro de mis circunstancias actuales, reitero a menudo esa Ley Universal: se han escapado de mis manos aquellas oportunidades para las que aún no estaba preparado y he recuperado con facilidad mi bienestar y mi prosperidad ante circunstancias que temporalmente me han hecho perderlo todo. No estoy en la mansión, ni debajo del puente, sino en aquellas circunstancias que reflejan de forma exacta mi capacidad y el recipiente que hoy puedo manejar.


Al Jaguar